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Matar es fácil, de Agatha Christie.

Matar es fácil, de Agatha Christie.

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

Novela entretenida, como todas las de la autora, que no protagoniza ninguno de sus famosos detectives.

En este caso Lucas Fitzwilliam, un policía retirado, vuelve a su país a disfrutar de su nada desdeñable pensión después de haber servido en el extranjero.

En el tren que le lleva Londres una anciana señora, compañera de departamento, le cuenta una extraña historia: En su pueblo, una pequeña localidad en la que todos se conocen, han empezado a morir personas, aparentemente de manera accidental, pero son demasiadas. Y además ella ha descubierto que todas ellas habían sido miradas antes por una persona de una manera “especial”. Como consideraba que era un difícil caso para la policía local, se dirige a Londres para contárselo a alguien en Scotland Yard, a quienes considera más capacitados y con más medios.

Lucas la escucha amablemente, pero sin hacerla demasiado caso: Piensa que todo es fruto de su imaginación y sus años, y se apena del pobre inspector que tendrá que recibir su denuncia y “quitársela de encima” amablemente. Al llegar a la estación se despiden amablemente y no vuelve a acordarse de ella. Hasta el día siguiente. A la mañana siguiente, mientras desayunaba con uno de sus más antiguos amigos, leyó por casualidad una noticia en el periódico, en la que contaban la muerte por atropello de la anciana señora que le acompaño en el tren y le contó la fantástica historia.

Esto hace que la imaginación de Lucas se desboque y su curiosidad de investigador policial le lleve de manera extraoficial a investigar el asunto, yendo a pasar una temporada, al pueblo de la susodicha, de incógnito total pero con la colaboración de su amigo que trabaja en Scotland Yard.

Como os podéis imaginar los que hayáis leído a Agatha Christie, durante la lectura vas cambiando continuamente de sospechoso, para que al final te sorprenda la resolución del crimen. Aunque debo confesar que, un poquito antes de acabar el libro, ya tenía yo echado el ojo al auténtico criminal.