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Al fin acabo de leer Drácula. Mucho tiempo me ha robado. Mucho tiempo le he dedicado, y una conclusión clara puedo sacar: el género epistolar no es mi fuerte.


Este en particular además de cambiar la ubicación de la historia rápidamente, sin verlo venir, hay un batiburrillo de fechas bastante importante. Si bien al principio la historia contada por el protagonista puede acabar un 19 de junio (por ejemplo), en el siguiente diario que retomará la historia la acción empieza el 1 de abril de ese mismo año, con lo que además de intentar ubicarte en el espacio cada 30 páginas, también debes situarte en el tiempo. La falta de un narrador “fijo” por decirlo de alguna manera, a mi parecer, es lo que ha hecho este libro tan difícil de leer.

Yo no dudo que sea una obra maestra digna de estudio en la Literatura de colegios e institutos, pero debo decir que me ha resultado una novela bastante ardua y terrible para leer. Todas las increíbles expectativas que yo había depositado en este libro se han derrumbado como un castillo de naipes.

Algo positivo a destacar de este libro es que ha despertado mi interés por el terrible monstruo que inspiró a Bram Stoker a escribir semejante novela, y creedme cuando os digo que Vlad Dracul superaba con creces al terrorífico Drácula. Un hombre que empalaba a sus súbditos por el simple gusto de oírles gritar. Un príncipe que acabó con la pobreza de su reino… empalando y abriendo en canal a todos los vagabundos. Espantosas acciones que le hicieron digno de su mote “El empalador”

Sin más que añadir, me despido desaconsejando a todo el mundo el género epistolar en general y Drácula en particular.