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Tras acabar la lectura de Ilion de Dan Simmons, me di cuenta que la obra estaba inconclusa sin su continuación, Olimpo, así que en lugar de leer dos libros (Ilion I e Ilion II), he tenido que leerme cuatro (los dos citados, más Olimpo I y Olimpo II). Es decir, cuatro tomos que componen una obra de unas 1600 páginas. Estrategia de marketing supongo, para poder cobrarte 45 euros en cómodos plazos, en lugar de hacértelos pagar de una sola vez. Afortunadamente, en mi biblioteca pública de cabecera estaban bien provistos, porque de los contrario me hubiera agarrado un buen rebote.

No sé como comentar una obra tan grande, en la que pasan tantas cosas sin hacer algún pequeño spoiler involuntario, así que si quieres llegar virgen a la obra, no sigas leyendo estas líneas. Aunque realmente, si no quieres saber nada del libro, ¿qué haces buscando información sobre el mismo en Internet, alma cándida?. Avisados estáis.

La historia comienza en las murallas de Troya, donde los griegos andan a la gresca por los amoríos de Paris y Helena. Todo sigue el patrón de los cantos homéricos, pero hay una incorporación importante, los escólicos. Los escólicos son cronistas de la guerra, que reportan a los dioses lo sucedido cada día en el combate.

El libro comienza cuando han transcurrido casi diez años de guerra, en el momento del enfurruñamiento de Aquiles (pues ahora me enfado, y no respiro), cuando los aqueos empiezan a recibir tortas por parte de los troyanos. El protagonista en este momento es Thomas Hockenberry, uno de esos escólicos, que reporta sus anotaciones a una de las musas del Olimpo.

Hockenberry recuerda que fue un profesor académico estudioso de la obra de Homero en otra vida, y sabe perfectamente lo que transcurre en cada momento de la contienda. Quien mata a quien, quien hace qué, etc. Lo que no sabe muy bien es cómo ha llegado a este sitio o momento, porque squedan algunos retazos de su vida anterioque snda. Quien mata a quien, quien hace quista en este momento es iles (pues ahora me ólo le quedan algunos retazos de memoria de su vida anterior, ni el porqué de su misión.

Armado con tecnología “divina”, como armas táser, o una artefacto que le permite metamorfosearse en cualquier personaje de la Ilíada, va tomando nota de todo lo sucedido, comprobando que no haya ninguna discrepancia con la obra, e informando de todo ello a los dioses. Pero un buen día descubre que aunque hay algunos pequeños cambios en la trama de la historia, los dioses no se han dado cuenta, y decide no informar de ellos y ver que sucede.

Mientras los aqueos y troyanos se dan de tortas, los dioses andan también “batallando” en sus luchas intestinas de poder, sólo contenidos por el omnipotente Zeus. Hockenberry se verá envuelto en estas conspiraciones cuando su musa le organiza un encuentro con Afrodita, que le ordena matar a Atenea, dotándole de nuevas y más potentes armas.

Cualquiera de las dos opciones es un suicidio, así que Hockenberry decide usar una tercera vía. Utilizar la tecnología divina y el engaño para reconciliar a aqueos y troyanos, y volverlos contra los dioses del Olimpo. ¿Podrán Aquiles, Héctor, Odiseo, Diomedes y el resto de los héroes clásicos hacer frente a Apolo, Atenea, Ares y al mismísimo Zeus?.

En otro escenario, no sabemos si en un lugar diferente, o en otro tiempo distinto (pasado o futuro), nos encontramos con una sociedad futurista al puro estilo de La Figa de Logan. Humanos hedonistas que sólo viven para el placer, que desconocen cualquier clase de esfuerzo o trabajo manual, y que son servidor por una serie de robots que se encargan de cualquier trabajo que vaya más lejos de levantar una copa de vino hasta la boca (y a veces ni eso).

Las personas alcanzan su madurez a los veinte años, y luego dejan de envejecer. Cada veinte años son “renovados” y vuelven con el mismo aspecto de sus veinte años, hasta que cumplen 100 (los cinco veintes), y entonces son llevados a los anillos junto con los “posthumanos”, una raza mítica que pobló la Tierra antes que ellos. Vamos, el cielo.

Tampoco muere nadie, porque cuando sucede, reaparecen en la “fermería” y son renovados del mismo modo. Como no hay muertes, la población es estable y sólo se permiten nacimientos cuando hay alguna “ascensión” a los anillos. Las mujeres piden permiso de maternidad cuando lo desean, y se les concede cuando les corresponde. Las parejas mantienen relaciones sexuales a lo largo de su vida, y las mujeres almacenan el ADN del esperma de sus parejas en su cuerpo, y cuando se les concede un permiso de maternidad, escogen de entre su librería de ADN de qué pareja quieren el hijo. Todo muy romántico y utópico.

Entre todos estos individuos aparece un hombre que empieza a plantearse algunas cuestiones sobre su existencia: ¿quiénes son los posthumanos?, ¿por qué sólo podemos vivir 100 años en la Tierra?, ¿quiénes son estos robots que nos sirven y nos protegen?, ¿dónde están los anillos?… Junto con un grupo de amigos y conocidos, empezarán un viaje iniciático que les llevará a descubrir la realidad en la que viven, que no es tan placentera como habían pensado siempre.

En un tercer escenario diferente tenemos a los moravecs, seres extraterrestres mitad biónicos mitad máquinas que estudian el universo. Uno de ellos, Mahnmut, un estudioso de Shakespeare, será convocado por el consejo de los moravecs junto con otros compañeros para estudiar algunas irregularidades cuánticas en Marte, que pueden poner en peligro al universo. Deberán ir al planeta, ver cual es el problema, y solucionarlo antes de que sea demasiado grave.

Las tres historias están relacionadas entre sí, y conducen a un final común, pero esta parte de la historia si que no quiero estropearla, así que os dejo que las descubráis por vosotros mismos. Sólo os adelanto que es sorprendente, y con giros argumentales impresionantes.

Una obra sin duda muy recomendable, tanto para los amantes de la épica clásica, como para los aficionados a la ciencia ficción.

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