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Una princesa de Marte

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

Es libro tiene un prólogo interesante escrito por el propio autor, un relato de ficción que el escritor pretende hacer pasar como real.

En él nos cuenta su relación con John Carter, un buen amigo de la familia, un soldado, aventurero, sin familia propia, que tiene un cariño especial por ellos, especialmente por los jóvenes a quienes quiere como si fueran hijos suyos.

Periódicamente pasaba por su casa, se quedaba una temporada y hacía las delicias de todos contándoles sus aventuras.

En una ocasión le dijo a Edgar que si algún día le pasaba algo, él se hiciera cargo de sus bienes y le dio la llave de un compartimento secreto de su caja fuerte. Efectivamente, tiempo después y debido a su mal estado de salud, le hizo llamar pero cuando llegó Edgar ya había muerto.

Siguiendo sus instrucciones, abrió el compartimento secreto y encontró un fascinante manuscrito y este manuscrito es el que comparte con nosotros.

Al finalizar la guerra civil, derrotado y sin dinero, decide ir junto con un amigo en busca de oro. Todo parece irles bien, pero tienen un pequeño “problemita”: Apaches.

El "problemilla"

El "problemilla"

Los apaches mataron a su amigo y le persiguieron a él hasta una cuenva en la que buscó refugio y se hizo fuerte. Los indios no se atrevieron a entrar y se fueron, pero él estaba cansado y herido y cayó inmerso en un sueño muy perturbador. Al despertarse, en un estado aún de semiinconsciencia, siente junto a él una presencia extraña, sobrenatural que le amedrenta.

De repente, en una especie de viaje astral, sale de su propio cuerpo como si se desdoblara. Se contempla a sí mismo en el suelo de la cueva pensando que está muerto. Asustado, se asoma a la entrada de la cueva sin atreverse a ir más lejos. Desde allí contempla el cielo limpio y estrellado. Se siente mejor. Una estrella roja le llama poderosamente la atención: Es Marte.

Cerró los ojos y alzó sus bracios hacia el planeta rojo, como si fuera un dios al que adorar. Un frío intenso le recorre el cuerpo y, al abrir los ojos, el paisaje es muy diferente. Está en Marte.

Es un paisaje árido, como un desierto, pero cubierto de musgo. Intenta andar y da cuenta de que su fuerza y su agilidad son mucho mayores allí que en la Tierra. Cada paso que da se convierte en un salto inmenso y decide que lo primero que debe hacer es intentar andar con normalidad. Con gran dificultad consigue dominar sus fuerzas y comienza a caminar –empieza gateando y poco a poco se va incorporando-.

Descubre un edificio cuadrado en mitad de ese desierto. Es una especie de incubadora con huevos enormes. Absorto en su contemplación no ve llegar a unos seres extraños, los marcianos, y sobresaltado da un salto alejándose velozmente de ellos. Esto impresiona mucho a los marcianos que deciden no matarle y sólo se lo llevan prisionero.

A partir de aquí empieza de verdad su vida en el planeta rojo. Estos marcianos eran una expedición de reconocimiento a la incubadora y, de regreso a casa, se llevan a Edgar como un gran trofeo para enseñárselo al jefe.

Los marcianos son gente son principalmente guerreros, no tienen los sentimientos que pudiéramos tener los humanos, pero aprecian el valor y la fuerza y veneran la guerra. Esto, y los “superpoderes” que tiene John Carter, le granjean un estatus importante en la sociedad marciana, a pesar de ser un prisionero.

John Carter2

Conoceremos que en Marte (Barsoom, como le llaman los propios marcianos o barsomíanos) existen varias razas diferentes en guerra constante entre sí y, para sorpresa de Carter, una de ellas es muy parecida a los humanos.

La acción cobra una intensidad y una velocidad que sólo acaba -y de manera un tanto brusca- al final del libro. John Carter se enfrenta a muchas amenazas. No solo los marcianos le son hostiles: hay multitud de animales salvajes y difíciles de controlar y la lucha por salvar su vida no cesa nunca. A pesar de todo, John Carter es capaz de encontrar algún amigo que le ayuda en su contienda, aunque no muchos, la verdad. Pero llega incluso a enamorarse de una marciana.

No puedo contar más, pues perdería toda la gracia, pero creo que con este preámbulo ya estaréis todos deseando leerla 🙂

Os puedo asegurar que estamos ante un fantástico libro de aventuras en el que el autor, con una imaginación envidiable y una habilidad desbordante, crea un fantástico mundo muy complejo. Recrea toda una sociedad, diferente y a la vez similar a la nuestra, es capaz de inventar hombres, animales y paisajes muy “reales”. Es el Julio Verne de la ciencia ficción. Bueno, ahora recuerdo que Julio Verne también escribía ciencia ficción.

El protagonista, John Carter, no tiene nada que envidiar a los grandes y famosos aventureros. Valiente, leal, justo, honrado, amable, diestro en la lucha, simpático, guapo (“alto, morocho, atlético y buen mozo”), caballeroso…

John Carter

La novela está narrada en primera persona, primero por el escritor y luego por John Carter. Lenguaje claro, descripciones sencillas pero eficaces, tanto del paisaje marciano como de sus habitantes humanos o animales, lo que sitúa de manera eficaz en pleno planeta rojo, codo con codo con el capitán Carter. Los capítulos son cortos, lo que le da una velocidad al relato que llega a crear adicción.

La parte más complicada, la de los adelantos científicos de los marcianos, la de los transportes interestelares, las armas marcianas, etc… se suple con ficción muy imaginativa. Hay que tener en cuenta que está escrita en 1912, pero os aseguro que no se nota.

No he tenido ninguna duda sobre la calificación que me merece: 5/5