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Aguas gélidas, Michael Koryta.

Aguas gélidas, Michael Koryta.

Una historia ligera para un verano caluroso. El libro entretiene, lo cual es suficiente para las tardes de ocio vacacional. La historia peca un poco de previsible, pero si no tienes demasiadas expectativas iniciales, no pasa nada. Ahora bien, Michael Koryta es Stephen King, claro está.

Vayamos con la novela. Eric Shaw es un director de cine venido a menos que se gana la vida haciendo memoriales en vídeo para los difuntos. Bueno, más bien para las familias de los difuntos. En su último trabajo, uno de los visitantes le contrata para hacer un trabajo, pero algo diferente a lo habitual. En este caso se trata de alguien vivo, pero en fase terminal de una enfermedad, y su nuera quiere que Shaw viaje al pueblo natal de su suegro y narre la historia de su juventud a través de las imágenes del balneario de West Baden Springs.

El pueblo originalmente se hizo famoso por sus dos hoteles de lujo, y su manantial de aguas medicinales. Aguas que nuestro protagonista probará, y a causa de las cuales comenzará a tener alucinaciones en las que se mezclan historias del pasado. ¿Experimentará episodios de locura o realmente el pasado se mezclará con el presente, pudiendo llegar a cruzar la delgada línea de la realidad?.

En esas alucinaciones verá al protagonista de su investigación, Campbell Bradford, en plena juventud, abriéndose paso en los negocios con métodos no demasiado legales. Bradford será una persona violenta, malvada y sin escrúpulos, que no dudará en emplear todo tipo de violencia para conseguir sus objetivos. Eric Shaw comenzará siendo un mero espectador en esas alucinaciones, pero en un momento dado el «cuelgue» sube de nivel, y Bradford descubre al «mirón» del presente. Al principio sólo se ven, pero poco a poco empezarán a hablarse, y finalmente llegarán incluso al contacto físico. El puente entre el pasado y el presente está tendido, y Shaw ha abierto una puerta a un mal del que no es consciente completamente.

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