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La Isla

(Ver Leyendo-Ficha Técnica)

Un periodista se dirige a la isla de Pala pero una tormenta le hace naufragar en una de sus playas. Dos niños que le encuentran en lamentable estado, piden ayuda y, gracias al socorro que recibe, consigue sobrevivir.

Durante su convalecencia toma contacto con diferentes personajes a través de los cuales puede conocer la realidad de la isla, una sociedad “perfecta”, en la que todos sus habitantes viven en también «perfecta» armonía, intentando no contaminarse de la sociedad externa, la del resto del mundo civilizado.

Esta»perfecta» sociedad es muy diferente a la sociedad asimismo «perfecta» de Un Mundo Feliz. Parece ser que La Isla, la última de sus novelas, fue publicada por primera vez en 1962, treinta años después de que lo hiciera Un Mundo Feliz y, en este caso, la utopía que nos presenta es un contrapunto a la que escribió tres décadas antes, con elementos comunes pero tratados de manera muy diferente.

Aquí todo pretender ser más natural, aunque el fin deseado sea el mismo: la felicidad de los habitantes de la Isla, mediante la conformidad con la vida que llevan.

Las experiencias místicas llegan también a través de una droga, moksha, pero acompañadas de una gran dosis de budismo, hipnosis y sugestión.

También se intenta dirigir a cada persona para realizar la función más apropiada para ellos, pero no se modifican los embriones genéticamente, sino que se intenta descubrir las habilidades que poseen y encauzarlas de la manera más positiva para ellos y para la sociedad.

El tratamiento de las relaciones sexuales son totalmente diferentes y el intentar que nazcan seres intelectualmente superiores, se hace mediante fecundación artificial, sí, pero más humanizada.

Es una sociedad cerrada, que vive para ella misma intentado huir del consumismo del mundo occidental, que evoluciona y se moderniza sólo en función de sus propias necesidades. Ni necesita nada de fuera, ni pretende exportar nada.

Pero el mundo exterior les ha descubierto y sabe que tiene petróleo. Mucho.

El choque de culturas, la comparación entre ambas mediante la exaltación de la vida de Pala, de su cultura, de sus ideas, en contraposición con la extranjera, con la catastrófica situación del mundo moderno, no es el tema principal de esta novela, sino el único, presentado con una gran dosis de ironía británica.

Pero aunque parezca interesante, a mí se me ha hecho muy larga, muy densa y muy pesada. Sus disertaciones filosóficas, sus descripciones sumamente detalladas del funcionamiento de los sistemas sanitarios, educativos y sociales que rigen en la isla, me han tentado muchas veces, dirigiéndome directamente al abandono de su lectura.

Se ve que el autor posee grandes conocimientos sobre todo lo que cuenta. No sé si era muy inteligente, si poseía grandes conocimientos o se documentaba extensamente antes de escribir cada libro, pero me gustaría haber recibido toda esta información de manera más sencilla, con un lenguaje más claro, más directo, incluso más profano.

Lo cierto es que no me ha gustado demasiado.

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