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Colinas que arden, Lagos de fuego

(Ver Reseña – Ficha Técnica)

Esta es la historia de dos expediciones por África: a Kenia y Tanzania. Javier Reverte nos cuenta con lenguaje llano y sencillo sus experiencias durante estos dos viajes que realiza, en su mayor parte, a pie y, a diferencia de sus expediciones anteriores, lo hace acompañado.

Mientras leemos estos relatos, tenemos la sensación de acompañarle en su peregrinaje. Reverte nos cuenta, con todo detalle, el día a día de sus viajes, su relación con los habitantes de la zona, con los guías, la camaradería que les acompaña en esta aventura, su contacto con la fauna autóctona, con la tierra, sus luz, sus olores… Cómo se deja llevar por África, cómo le invade el cuerpo y el espíritu y como le evoca sensaciones y sentimientos placenteros. África le gusta, se siente como en casa y, aunque diga lo contrario, sabe que volverá siempre que pueda.

Reverte nos cuenta las cosas como las siente, como las vive, lo malo y lo bueno, lo agradable y lo desagradable. No presenta a las personas con las que se relaciona como lo que son, buenos, sencillos, pobres, agobiantes, rateros, egoístas, hambrientos, aprovechados, sudorosos, valientes, cercanos, acogedores… Acepta África tal cual es y la disfruta en su esencia.

Guía, pastor, escolta...

Guía, pastor, escolta...

Habla con la gente, les escucha y todo esto nos lo transmite en su libro. Cuanto termina el viaje te parece conocer a todos los miembros de la expedición. Bueno, quizá exagero pues de sus compañeros de viaje y de él mismo habla poco. Apenas conocemos sus nombres y su relación familiar o de amistad con el escritor. Se centra más en aquellos con los que se encuentra durante su aventura.

También tienen su protagonismo los incidentes del viaje, sus incomodidades, sus problemas con el transporte, con la comida, con las guerrillas, los bandidos y los grupos de exaltados que por esa época abundaban en la zona. Incluso algún hombre blanco afincado en la zona que no gusta de ver otros blancos invadiendo lo que considera su espacio, su territorio.

1ª aventura: Un viaje de ida y vuelta

Primera aventura: Un viaje de ida y vuelta

En el primero de los viajes recorren gran parte de Kenia, una políticamente convulsa Kenia, lo que hace que apenas encuentre turistas en su camino y la inmersión con los habitantes de la zona sea total. La expedición parte de Nairobi y tiene como finalidad llegar al lago Turkana. La descripción de este lago y su entorno me produjo una sensación de tristeza, de desolación.

Segunda expedición

Segunda expedición

El segundo viaje, un año después, tiene como fin llegar al lugar en que está enterrado el Dr. Livingstone. Partiendo de Dar es Salaam, en Tanzania, llegan al lago Tanganica, el segundo lago más grande del mundo, embarcándose en el transbordador Liemba, barco que data de la I Guerra Mundial, que recorre el lago una vez por semana, y que al autor le evoca aquel en el que viajaban Bogart y Hepburn en La Reina de África.

El Transbordador Liemba que recorre el lago Tanganica...

El Transbordador Liemba que recorre el lago Tanganica...

...y La Reina de ÁAfrica, el barco de la película. Un poquito sí que exagera Reverte ¿no?

...y La Reina de África, el barco de la película. Un poquito sí que exagera Reverte ¿no?

Aquí el grupo se separa, y el autor y uno de sus acompañantes, viajan a Zanzíbar para visitar Chitambo, aldea donde fue enterrado el corazón del mítico Dr. Livingstone, mientras los otros toman el camino de regreso.

El Dr Livinstong, supongo

El Dr Livingstone, supongo

La novela se hace más amena aún pues, en medio de estos relatos, intercala otras historias igual de interesantes sobre las aventuras de los primeros hombres blancos, los primeros exploradores en el continente negro, en las que se le nota muy versado. Me han gustado las fotos que acompañan la narración, aunque las he encontrado tremendamente escasas.

No obstante, creo que he tenido suficiente con viajar literariamente por África junto a Reverte. Yo no creo que sintiera la placidez y la satisfacción que siente el autor. Algunos pasajes me transmitían tristeza, inquietud o desasosiego. Me parece que yo no realizaría este periplo.

El género de viajes es muy particular. No es el tipo de lectura que más me gusta, a pesar de que en este caso lo he encontrado más entretenido de lo que esperaba. Quizá su lenguaje sencillo que parece que un amigo te esté contando su viaje. No lo recomendaría de manera generalizada, pues no deja de ser un libro de viajes, no una novela.

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