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La Isla misteriosa

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

Prisioneros del ejército sudista del general Robert Lee, cinco norteamericanos consiguen evadirse en un globo aerostático que no pudo despegar por un huracán, pero que ellos deciden robar y arriesgarse a volar en medio del tornado. Nadie se esperaba esto, el globo no estaba vigilado por tanto y ellos deciden jugársela.

Estos son los protagonistas: El ingeniero Ciro Smith, un hombre que lo sabe todo, pero todo de verdad. Se convierte, por aclamación popular y unánime, en el jefe del grupo. El marino Pencroff, un hombre trabajador, animoso y dispuesto a todo. A todo lo que le mande Ciro Smith. El periodista Gédéon Spillet, un hombre culto, de letras, complemento natural de Ciro Smith, podría considerarse su lugarteniente, su brazo derecho. El joven Harbert, un inteligente y despierto adolescente bajo la tutela de Pencroff, hijo de su capitán y del que se siente tan orgulloso como si fuera su propio hijo. El liberto Nab, que adora al ingeniero Smith y le sigue sirviendo como si fuera su esclavo, aunque ahora por su propio deseo.

El viaje, peligroso y accidentado, acaba con los huesos de los protagonistas en una isla desierta y que no figura en los mapas. Uno de ellos cae al mar y no llega a la playa y los otros cuatro deciden organizarse como pueden para sobrevivir hasta que alguien los rescate o descubran cómo salir de la isla.

La isla les proporciona todo lo que pueden necesitar y además se dan cuenta que algo o alguien, un ser mágico o superior les protege. O al menos así explican los sucesos extraños y fuera de toda lógica, como la aparición del compañero que cayó al mar. Algo o alguien le rescató pero ¿qué o quien? Registran toda la isla y no encuentran nada, está desierta. Bueno, casi desierta. Hay todo tipo de animales, plantas, alimentos, agua dulce y materias primas para poder conseguir casi cualquier cosa.

Y aquí entra en acción el ingeniero Ciro Smith. Es capaz de construir cualquier cosa, por difícil o elaborada que parezca, con cuatro cosillas de nada que se encuentran al alcance de cualquiera. Ríete tú de McGyver. Esto fue lo que menos me gustó del libro, me pareció demasiado. Julio Verne, en un alarde de conocimientos científicos, hace que su protagonista sea capaz de hacer cosas fantásticas, dotándole de vastos conocimientos en los campos de la física, la agricultura y la química. Conocimientos a nivel enciclopédicos.

Isla lincoln

Dinamitan -bajo control- una gran roca de granito en la que preparan una cueva para vivir, con ventanas, puertas, habitaciones…Fabrican ácido nítrico, ácido sulfúrico, nitroglicerina, cristal para las ventanas, un ascensor (que en la época en que se escribió este libro, aún no existían), un tendido telegráfico, un sistema hidrográfico que les permite tener agua corriente en su “cueva”.

Exploran la isla, dan nombre a los accidentes geográficos y toman posesión de ella para los Estados Unidos. La isla Lincoln. Todos los nombres son evocadores de su país de origen.

Domestican animales, tiene su granja, sus animales de labor y de carga, plantan y cosechan… en fin, no necesitan nada más. Están tan agustito. Tanto que hasta les da pena pensar en que les rescaten y tengan que marcharse. Me llamó la atención que después de varios años en la isla, no hubieran echado de menos la compañía femenina.

La nota más inquietante la pone la presencia misteriosa que les ayuda a sobrevivir cuando se encuentran en serios apuros, que a veces –pocas- les ocurre. Este misterio se resuelve al final de la historia y de manera sorprendente.

Una historia interesante, original, como todas las de Verne, emocionante, que te mantiene en vilo de inicio a fin. No es la que más me ha gustado de las que he leído, pero tiene el sello de su genial autor.

La única pega que le pongo es lo irreal e increíble de las cualidades de su protagonista, necesarias para que puedan sobrevivir todos, pero excesivas.

Prefiero la fantasía, la magia, lo sobrenatural, porque no se pretende que lo veas como normal y lo admites como tal, como se puede admitir el realismo mágico, la fantasía épica o las historias de magos, fantasmas, vampiros, hadas… etc. Pero estos son señores normales, o al menos así te los venden.

Parece ser (me enteré al terminar de leer el libro) que esta novela pertenece a una trilogía que completan Veinte mil leguas de viaje submarino y Los hijos del capitán Grant.

Mi valoración para esta novela sería de 3,5 antifaces, pero como no puedo fraccionarlos, me inclino por los 3. Me falta un poquillo para darle los 4.