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Hoy tenemos con nosotros a Álvaro Martín, que se ha prestado a colaborar con el blog y nos manda su reseña de Luces de Bohemia, de Ramón del Valle-Inclán. Todo un clásico de la generación del 98, cuyo museo de Pobra do Caramiñal visitamos hace un tiempo, por cierto. Os dejamos sin más dilación con la reseña de Álvaro. Dispensadle una muy calurosa bienvenida.- César

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Soy Álvaro, universitario y casi emigrante al Reino Unido, volviendo cuando se puede. Soy de reducido número de personas de mi edad que se sobrepusieron del varapalo que es estudiar literatura a la manera que se hace en las escuelas, y al otro gran escollo que es el entretenimiento fácil de los videojuegos y el internét. Entiendo el leer como un tipo de comunicación único en su poder de transmitir ideas sutiles y de estimular la imaginación. Tengo unos cuantos favoritos: Proust cuando se deja, Unamuno, el Quijote y alguno mas suelto por ahí. Aparte de los libros de física, intento leer todo lo que puedo, y me encanta poder compartir cosas de las que surgen a través de libros de los buenos.

Álvaro

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Luces de Bohemia, de Ramón del Vallé Inclán.

Luces de Bohemia, Ramón del Vallé Inclán.

FICHA TÉCNICA
Título: Luces de Bohemia
Autor: Ramón María del Valle-Inclán
Tema: Esperpento
Editorial: Austral
ISBN: 9788467020489
Páginas: 170
Encuadernación: Tapa Dura
Año de edición: 2006
Edición original: 1924

¿Por qué Luces de Bohemia?

Hace unos días fui al Centro Dramático Nacional a ver la nueva versión de “Luces de Bohemia” dirigida por el actor Lluis Homar, en la que para mi sorpresa Max Estrella, el protagonista de la obra, es interpretado por un Gonzalo de Castro (Doctor Mateo, el de la tele). Eso sí, con una barba muy espesa.

En el libreto el director había escrito unas palabras de justificación de la obra, destacando básicamente el compromiso social de Valle-Inclán como artista, y decía cómo el rescate de su obra es apropiado en un tiempo de movimientos sociales y conflictos como el nuestro (haciendo referencia explícita a los indignados). Quiero justificar por qué este enfoque está mal en parte, pero mi primera intención es mencionar las inmensas virtudes y la vigencia de la obra magna de Don Ramón. Y es que el texto es de una contundencia tal que muy difícil lo tenían para hacerme salir del teatro con las sensaciones erróneas.

Luces de Bohemia es, ante todo, una visión total de lo que es la sociedad española. Muco ha llovido desde 1920 pero es Valle-Inclán supo plasmar unas ideas y una estética que siguen asombrosamente de actualidad tantos años después. El camino de Max Estrella y Don Latino a través de ese decadente Madrid muestra una sucesión ordenada de escenas y estereotipos que me hace recordar a un Fausto deconstruido y esperpéntico.  Si bien Mefistófeles le enseña a Fausto lo que son los placeres mundanos, aquí en diablo torna en la sabandija Don Latino, y guía a Max a través de una fantasmagórica realidad social.

Se mueven de un fantasma en otro; desde la chabacana Pisa Bien, el exitoso ministro, el charlatán del periódico,… Todos interactúan y hablan, pero por alguna razón da la sensación de que nadie en ningún momento dice nada de peso, nadie muestra apego, nadie ve la claridad en la oscuridad. Cada uno a su medida y a su manera, son conscientes del destino trágico de la sociedad, destino ante el cual la única respuesta es la inercia. Desde esta perspectiva Valle-Inclán creó un nuevo concepto estético, el esperpento, el cual usa para definir su mensaje.

El gran hallazgo literario de Valle-Inclán es haber visto ese esperpento como un rasgo fundamental de la identidad española, haber identificado el concepto y haber sido capaz de plasmarlo con semejante precisión. Y es que ese rasgo a pesar de ser trágico no es juzgado sino expuesto con resignación, casi a la manera de un ornitólogo que narra tristemente el modo de vida de los dodos, los kiwis o de algún otro de esos tipos de aves que, aunque aves, no pueden volar. Esa exposición se hace más clara en la célebre escena XII, donde se explica entera la intención estética de la obra

También se exponen ideas más concretas, como el menosprecio del mérito, la falta de pudor, de dignidad o de modestia, y más cosas. Cada personaje es un reflejo de una de esas pequeñas faltas. A pesar de ello, lo importante es que todas ellas son partes de ese todo que es el esperpento, que es una idea más abstracta y más profunda.

Hay unos cuantos ejemplos directos de cómo algo así podría haber sido escrito a día de hoy. Mencionaré sólo el caso de Don Gay, el escritorzuelo que se va a probar suerte a Londres y que vuelve para contar las delicias de los vecinos europeos: cómo de paradisíaco es ese país, la superioridad espiritual de sus gentes (Don Gay: “ Si España alcanzara un más alto concepto religioso, se salvaba”) y hasta su mejor higiene corporal. La escena acaba así:

-Don Latino: ¿Don Gay, cómo no te has quedado tú en ese paraíso?

-Don Gay: Porque soy reumático y me hace falta el sol de España

Pues eso, que tenía que volver, que aunque “esto” sólo pase en España, como en España en ningún sitio. Y es que cuantos españoles reumáticos tenemos ahora fuera, cada vez más.

Por otro lado, el episodio más político es probablemente la escena VI, la del obrero catalán. Como he dicho antes el director de la versión del CDN identifica totalmente a Valle-Inclán con movimientos indignados, sociales, obreros y demás. Este es el episodio que en mayor medida puede llevar al error de esa lectura. Se muestra a un pobre proletario de Barcelona, preso en Madrid por no haber querido ir a la guerra y por causar un motín en su fábrica. Max, temporalmente su compañero de celda, muestra una singular simpatía por su causa. Pero lo que el poeta realmente quiere decir es que es consciente de que el problema no es el conflicto de bandos en sí, o si uno tiene la razón y el otro no, sino la naturaleza de ambos:

-Max: “Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime”

-El Preso: ¡Todos!

-Max: ¡Todos! ¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?

Quiero intentar medianamente justificar que Valle-Inclán no apoya directamente a nadie, sólo ve el esperpento en todos los bandos y personas de España. Y creo que esa visión puede ser un punto de partida revelador para una discusión de la coyuntura política y social de ahora y de siempre.

Se pueden sacar muchas más ideas como ésta de las diferentes escenas que dan para mucha y larga discusión, y es que Don Ramón consiguió con muy poco llegar a lo más profundo de la naturaleza del problema, y consiguió describirlo con crudeza y por qué no también con una de latente compasión. Al fin y al cabo él también no era más que otro español.