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Que nadie se mueva, Denis Johnson.

Que nadie se mueva, Denis Johnson.

Pues ha estado bastante entretenida, la verdad. Es un librito corto, con una historia interesante que deja un buen gusto al leerla. No va a ser uno de mis libros fetiche, pero cumple perfectamente su cometido de entretenimiento.

Nos cuenta la historia de un jugador empedernido, con deudas hasta el cuello, y siempre huyendo de sus acreedores que intentan cobrarlas a base de palizas. En el prólogo nos dicen incluso que intentemos visualizarlo como al actor Steve Buscemi, así que os podéis hacer una idea de la clase de personaje con la que nos encontramos.

Nuestro perdedor, Jimmy Luntz, recibe la visita de Gambol, un matón por encargo que quiere cobrarle, y dejarle de paso un par de huesos rotos. En el camino hacia la paliza, en un pequeño forcejeo, Luntz le pega un tiro en la pierna y consigue escapar, dejando malherido a Gambol, y llevándose su coche, sus armas y algo de dinero.

En su huída se cruzará con Anita Desilvera, la ex-mujer de un abogado imputada por el robo de más de dos millones de dólares. Hermosa, alcohólica y hastiada de todo. Juntos se embarcarán en un viaje de autodestrucción desesperado, que me recordó a un cruce entre Leaving Las Vegas y Asesinos Natos. Aunque si me paro a pensarlo en frío, no se parecen en nada. En fin, simple asociación de ideas, supongo.

Los malos por supuesto no se van a dejar robar, y menos tirotear sin más. Juarez, el jefe malo, quiere su pasta, y Gambol, además de cobrar, quiere «divertirse» un poco con Luntz. Seremos pues testigos de una persecución cruel, un juego de caza al estilo gato y ratón en el que desde el principio el lector no sabe lo que pasará, pero sabe que las cosas no van a salir bien. Al menos no para un perdedor como Jimmy Luntz.