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La isla de cemento, J.G. Ballard.

La isla de cemento, J.G. Ballard.

El argumento del libro me pareció muy interesante, pero finalmente la lectura no me ha parecido especialmente buena. La historia es bastante absurda de por sí, y como novela, me parece un poquillo floja. Me temo que tras esta, y La Sequía, que tampoco me gustó mucho, Ballard ya se ha acabado para mí. Ya le dí una segunda oportunidad y no habrá más…

Nuestro protagonista es un hombre adinerado y hedonista, que viajando por la autopista, se sale de la carretera a la salida de un tunel y cae por un terraplen hasta llegar a una «isla de cemento», es decir, un espacio que queda en el cruce de tres carreteras, un nivel por debajo de las autopistas.

Tras permanecer un tiempo insconsciente por el accidente, despierta herido y desorientado. Intentará pedir ayuda, pero nadie puede oirle ni verle por culpa del ruido de los coches, y de las vallas de seguridad que acotan las calzadas. Viendo que el rescate puede ir para largo, decide intentar practicarse una cura de emergencia, y «anestesiarse» con unas botellas de vino que llevaba en el maletero, y que providencialmente no se rompieron.

El tiempo va pasando, y parece que la ayuda va a tardar, por lo que hará inventario de los objetos que lleva en el coche, y que le pueden servir para pasar la noche en su «isla». La noche da paso al día, y no hay pinta de que la ayuda esté en camino, así que intentará trepar por el terraplen, pero cae una y otra vez, lastimándose todavía más.

Pasa el tiempo, y el protagonista decidirá explorar sus dominios. Restos de otros coches entre la maleza, una construcción abandonada por algún vagabundo, rescoldos antiguos de una hoguera. Descubrirá algunos indicios que le harán pensar que no está sólo allí abajo, aunque ¿serán amigos o enemigos?. Poco a poco nuestro «naúfrago» irá perdiendo la cabeza, fruto de la fiebre y de la desesperación.