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La tormenta de nieve

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

Un joven matrimonio con dos niños muy pequeños deciden abandonar su residencia en Estocolmo para residir en Öland, en el nordeste de la isla, en la Finca Aludden, una gran casa de farero de mediados del siglo XIX en una zona muy bella de la isla, una casa que hay que reformar. Pero esto nos les asusta, es más, les gusta.

La mujer, Katrine, ya ha empezado con los trabajos de adecuación de la casa. Se ha mudado con los niños dos o tres meses antes que el marido, Joakim, que tuvo que retrasar su traslado por motivos de trabajo. Cuando por fin él se muda y comienzan esperanzados una nueva y feliz vida, Katrine aparece ahogada en el mar y Joakim no puede superarlo. Todos dicen que puede ser un suicidio o un accidente por haberse resbalado, pero él no lo cree.

En la playa hay dos enormes y fuertes faros. Durante la construcción de los faros y de la casa del farero, a finales del siglo XIX, un gran barco cargado de grandes vigas de madera, naufragó. Nadie sobrevivió, y toda esta madera fue empleada en la construcción: Un regalo, dada la escasez de madera en la isla. Pero construir una casa con los restos de un naufragio puede atraer la mala suerte sobre ella, por lo que deciden hacer una ofrenda y construir una capilla en recuerdo de los muertos en aquel naufragio.

Es la única localidad con dos faros. Deberían ser su seña de identidad, serviría para reconocer Aludden desde lejos, pero lo cierto es que uno de ellos, la torre norte, dejó de funcionar en 1884 y nunca volvió a hacerlo, aunque hay una leyenda que dice que se enciende alguna noche, cuando al día siguiente va a morir alguien en Aludden.

Joakim desconoce las leyendas de Aludden – que son muchas-, pero le pareció ver lucir la torre norte la noche antes de la muerte de Katrine. No está seguro, pero le pareció que los dos faros lucían.

Otro personaje es Tilda, una joven agente que se encargará de la nueva oficina de policía en Marnäs. Tilda es nieta del hermano de Gerlof, presente en todas las novelas del cuarteto de Öland, viejo marino que ahora vive en una residencia de la tercera edad y que conoce prácticamente todo sobre esta zona de Öland.

También aparecen las madres de Joakim y Katrine, tres jóvenes ladrones de casas y fantasmas, muchos fantasmas. Parece que todos los muertos de la zona siguen viviendo entre ellos, incluso se reúnen en Navidad y, como no podía ser de otra manera, en la finca de Aludden.

Al igual que en “La marca de sangre”, no son muchos los personajes, todos independientes, con su propia trama de acción, pero todos relacionados entre sí.

Y si aquella me gustó, esta ha superado con creces mis expectativas. Me ha resultado adictiva. No podía dejar de leerla, pero al mismo tiempo lamentaba que las páginas que quedaban por leer cada vez fueran menos.

Me pareció un relato muy original, una novela negra diferente, pero con las señas de identidad de la casa. En “La marca de sangre” fueron trolls y hadas y aquí fantasmas, pero lo mejor de todo es que estos “personajes” son asumidos en la trama con naturalidad, no te extrañan ni desentonan. Tienen su papel importante en los sucesos que acontecen y por eso son tan creíbles. De hecho una noche, al acostarme, no tenía muy claro si no iba a tener pesadillas con fantasmas acosándome.

Dos historias que convergen al final de la narración, van alternándose en los capítulos del libro. Los que cuentan hechos del pasado se inician con un párrafo en cursiva, para distinguirlos de los que transcurren en el presente. La intensidad va in crescendo hasta la explosión de la acción durante la nevasca, la gran tormenta, la emoción estalla y todo sucede a velocidad de vértigo. Las páginas de este libro no se leen, se devoran.

Me gusta el lenguaje sencillo de este escritor, la elaboración tan cuidada de los personajes, la originalidad del planteamiento y lo poco previsible del desarrollo de la trama y del final de la novela. Sobre todo cómo es capaz de mantener tu atención sin que decaiga tu interés por la narración. Otro punto original en sus novelas es el personaje de Gerlof. Así como todo escritor de novela negra que se precie tiene su detective fetiche que protagoniza la mayoría de sus novelas (léase Holmes, Poirot, Spade, Wallander, Carvalho…etc), en este caso es un anciano que nada tiene que ver con la profesión, sólo cuenta con su intuición y perspicacia. Al estilo Miss Marple, de Agatha Christie.

Sé que en una reseña se debe destacar lo mejor y lo peor de cada novela, pero no encuentro nada malo que decir. Ni siquiera algo que sea “poco bueno”. Definitivamente me he convertido en una admiradora incondicional de este escritor.

No quiero que mi emoción os haga leer este libro con unas expectativas que luego no se vean cumplidas. Yo me he ido sumergiendo en sus páginas poco a poco y así es como me ha ido enganchando tanto. Quizá si hubiera empezado a leerlo después de una reseña tan entusiasta como esta, me hubiera desencantado un poco. Creo que debería haber sido un poco más parca en palabras, pero a veces me ataca una incontinencia verbal difícil de controlar.

Tras leer esta novela sigo queriendo ir a Öland, pero ahora tengo claro que NUNCA lo haré en invierno.