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Isla de Nam

(Ver Leyendo-Ficha Técnica)

Me va a costar un poco reseñar este libro porque creo que no es exactamente una novela, y todo lo que no sea novela me resulta complicado. Como ya comenté antes, más me parece un cuento, pero ajustando aún más diría que quizá, quizá podría entrar en la categoría de fábula o leyenda.

Descartada la fábula por no estar protagonizada por animales, ni seres mitológicos y no tener moraleja -al menos suficientemente clara-, voy a calificarlo de leyenda poética. Poética porque la autora utiliza una bella prosa lírica muy acorde con la historia.

Se trata de un joven veneciano del siglo XIV, Giacomo Baldosini, enamorado de su prima, Elisa Daltieri. Ambos jóvenes pasan muchas horas juntos, ella contándole historias, él mirándola y escuchándola embobado.

Enamorándose poco a poco, ella le pide que nunca la deje, él le promete todo lo que ella quiera.

El padre de Elisa es un rico mercader que acoge a Giacomo bajo su protección y decido a convertirle en un hombre de provecho, empieza a introducirle en su negocio. Poco a poco, empieza tomar parte en las actividades de la empresa de su tío, hasta que llega el momento de hacer un pequeño viaje en barco. Y luego otro, y otro. Viajes cortos que le devolvían siempre junto a su amada.

Pero un día su barco naufraga y, sobre un tablón a la deriva llega a la Isla de Nam, o Isla de las Rocas, o Isla de los Sueños. Como queráis. Un país extranjero, gente que desconoce su idioma pero que le acoge benévola y cariñosa. Él como un vagabundo, un mendigo, vive de la limosna que le dan los habitantes de la isla, a los que cuenta su historia. Su amor, su amada, su vida en Venecia, sus desventuras,… Nadie le entiende, pero todos le escuchan.

Y así pasan los años, entre recuerdos y añoranzas, esperando que alguien le rescate y le devuelva a Venecia y a su amada, a la que siente que ha traicionado al irse y no volver. Pero no parece que la isla figura en los mapas de los navegantes.

No os cuento nada más, pero sí os digo que tiene un final bonito, que no tiene porqué ser feliz. Es una historia para leer relajados, tranquilos y, para recrear un tópico, en una tarde lluviosa de otoño. Es casi una poesía, con repetición de ciertas estrofas que le dan una cadencia rítmica, casi como una obra musical.

No es lo que esperaba, pero me ha gustado y además os la recomiendo a todos. Si os gusta, es una buena experiencia, y si no, pues como es cortita, tampoco perdéis nada.