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Un mal paso

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

Un periodista catalán, que fue un gran periodista pero ahora es sólo un alcohólico a quien un amigo intenta ayudar a dejarlo, y un comisario de policía gallego, divorciado, con los medios humanos y materiales que tiene –que no son muchos ni muy buenos-, deben resolver un extraño asesinato: Un cadáver va apareciendo desmembrado, poco a poco, a lo largo del Camino de Santiago.

Xavier Huguer ha caído en la oscura y difícil senda del alcoholismo. Su amigo Gonzalo es director de un importante periódico y, una y otra vez, intenta ayudarle, pero Xavier siempre lo estropea. Ahora le ha dado un ultimátum: Está será su última oportunidad, si la desaprovecha no volverá a ocuparse nunca más de él. Y Xavier sabe que habla en serio.

Es año Xacobeo y Gonzalo le ofrece encargarse de las crónicas del Camino. Debe peregrinar a Santiago y contar, día a día, la vida del peregrino desde dentro, “sus paisajes, sus paisanajes, sus ritos y toda la parafernalia propia de este tipo de aventuras”. Desde Roncesvalles a Santiago, hay 769 kilómetros que debe recorrer a pié y no es que le haga mucha gracia, pero sabe que es su tabla de salvación, la última a la que poder agarrarse. Y acepta.

Camino de Santiago

Suso Corbalán es el comisario de policía de Santiago. Divorciado y con una hija adolescente, lleva una vida más o menos tranquila. No se ocupa de grandes crímenes, ni intrigas de Estado, si acaso algún crimen casero, asuntos de drogas…, en fin, Santiago es una ciudad importante, pero más bien tranquila. Ahora, con la próxima visita del Papa, con motivo del Año Xacobeo, también tienen alguna revuelta y manifestaciones de activistas contrarios a su venida. En montones de balcones de la ciudad, en cantidad de esquinas, en las farolas…, en cualquier sitio se puede encontrar la frase emblema de esta lucha: “Eu non te espero” (Yo no te espero).

Por eso, que el Dean de la Catedral de Santiago –uno de los hombres más relevantes de la ciudad- le esperara en su despacho, le pareció algo importante. El Dean estaba preocupado porque su hermano gemelo, un importante arqueólogo, catedrático de la Universidad de Santiago, Jefe del Departamento de Historia del Arte, había desaparecido tras un viaje de trabajo a Roma. Sólo llevaba un día desaparecido, pero el Dean estaba preocupado.

El auténtico Dean de la Catedral de Santiago con el valioso Codex Calixtinus, recientemente desaparecido.

El auténtico Dean de la Catedral de Santiago con el valioso Codex Calixtinus, recientemente desaparecido.

Suso no se lo toma muy en serio. Cree que el hermano del Dean puede haberse entretenido con cualquier cosa o con “cualquier persona”, ya sabemos lo que son los congresos y más en Roma, la ciudad eterna. No obstante, eso no lo dice. Al Dean le asegura que se ocupará inmediatamente del asunto, aunque no debe preocuparse, seguro que aparece en un par de días, como si no hubiera pasado nada.

Así andamos cuando el periódico al que manda las crónicas Xavier, publica una de ellas, por cierto muy sustanciosa: En medio del Camino, unos peregrinos han encontrado una cabeza humana.

Casualmente es la cabeza del hermano del Dean, el primero en reconocerla y llamar al comisario Corbalán, quien se da cuenta del error cometido al infravalorar la situación. Inmediatamente se pone manos a la obra –lo que debía haber hecho mucho antes- y su primera acción es ponerse en contacto con Xavier, a quien solicita ayuda como observador: Si la cabeza apareció en el Camino, es posible que el Camino sea el escenario del crimen y un periodista en busca de noticias es, sin duda, un buen observador.

Imposible perderse

Imposible perderse

Hay un tercer escenario narrativo y un tercer protagonista de esta historia: Fiz, un profesor de universidad, de baja laboral por esquizofrenia, a quien una voz, en concreto la del escritor Álvaro Cunqueiro, le habla desde dentro de su cabeza. Fiz tuvo un enfrentamiento personal con el hermano del Dean, su jefe, a quien en una ocasión le propinó una señora paliza. Gracias a su enfermedad no acabó en la cárcel, pero sí perdió el trabajo. Fiz es el principal (y de momento único) sospechoso del crimen.

Estos tres personajes no están solos. Fiz tiene a Martiño, el hombre que le ayuda con las tareas domésticas, pero que le cuida como si fuera su padre, y a Fátima, la psiquiatra que constantemente le saca las castañas del fuego. Ambos le aprecian y saben que es una buena persona, incapaz de asesinar. También tiene a Álvaro Cunqueiro, cuya molesta presencia intenta evitar a toda costa, pero con quien aprende al final a convivir.

Suso tiene a sus dos colaboradores, a Fito, un inútil a quien considera una especie de castigo por algo malo que ha debido hacer en esta vida, y a Cárol, su mano derecha. Cárol compensa la ineptitud de Fito. Es minuciosa, trabajadora, inteligente… muchas veces cree que ella y no él, debería ser la inspectora.

Y Xavier tiene a su “pandilla”. Aunque empieza a regañadientes su peregrinaje, poco a poco el Camino le va hermanando con otros peregrinos y termina haciendo amistad con gente de lo más dispar: Ana y Edurne, dos jóvenes vascas que hacen el camino por puro deporte y que aportan al grupo juventud, amabilidad y optimismo; Tino, un fotógrafo uruguayo cuya poderosa cámara Nikon parece un apéndice más de su cuerpo y con la que realizó la foto de la cabeza del muerto que apareció en la cónica de Xavier; Masahichi, un simpático y risueño turista japonés que no entiende nada de lo que dicen, con el que hay que comunicarse por señas, ya que, ni siquiera su inglés es igual al del resto del grupo; y Manu, el pesado Manu, al que le huelen los pies de manera insoportable, al que todos evitan –sobre todo a la hora de dormir-, pero que no parece darse cuenta y al que, por fin, han acabado por aceptar en el grupo.

Todos los miembros, de todos los grupos, tienen su papel en esta historia.

peregrino

La novela tiene una agilidad narrativa muy apreciable. A lo largo de los capítulos va alternando los tres escenarios, lo que ya he podido comprobar que da un gran movimiento a la historia.

Está narrada en tercera persona, excepto en el caso de Xavier, que lo hace en primera. No sé si con esto quiere dar mayor protagonismo al periodista pero, si es así, conmigo no lo ha conseguido. Para mí el protagonista es Suso Corbalán, un personaje que se me hizo simpático desde el primer momento y sobre el que me parece que recae todo el peso de la historia.

Me ha gustado especialmente el final. Me considero una buena aficionada a la novela policíaca o novela negra y me encanta intentar averiguar quien es el asesino, antes de que el escritor nos lo desvele. Pero en este caso ha estado muy bien escondido. Siempre a la vista, pero siempre oculto. Un estilo a los asesinos de Aghata Christie, salvando las distancias y con permiso de la Reina del Crimen.

Considero que este escritor tiene una gran calidad como narrador. Sus diálogos son claros y dinámicos, casi siempre entre dos o tres personas máximo, y su narrativa –que ocupa la mayor parte del libro- en interesante, ágil y relevante, no tiene una palabra de más ni de menos.

Cierto es que ahora tengo más tiempo para leer, pero es un libro que he acabado en dos días, de los que no puedes dejar de leer, por lo que no tengo más remedio que darle la máxima puntuación.

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