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Una temporada para silbar, Ivan Doig.

Una temporada para silbar, Ivan Doig.

Terminado el libro, y me ha dejado una sensación muy agradable su lectura. Es lo primero que leo de Doig, pero intentaré hacerme con alguna otra cosa, pues el estilo me ha gustado.

La novela nos cuenta una historia de principios de siglo en el oeste americano. Una casa donde viven un padre y tres hijos sufrirá unos cambios importantes cuando contratan un ama de llaves para que les ayude con las tareas domésticas. Juanto con la señora, una versión asilvestrada de Mary Poppins, viene su hermano, un joven culto y «bon vivant», sin oficio ni beneficio, que intentará buscarse la vida en el oeste.

La historia nos la narra uno de los hijos en retrospectiva desde la vejez, ya que debe rondar la sesentena, que para la época era una edad avanzada. Es inspector provincial de las escuelas (o algo así), y recuerda con cariño cómo era la escuela en su infancia, comparándola con la de su madurez. Cualquier tiempo pasado fue mejor, ya sabéis.

Tendremos varios hilos narrativos que se entremezclarán, orbitando todos alrededor del protagonista. Por un lado, la relación con su padre y sus hermanos. Por otro lado tenemos el flirteo del padre con la mucama. Hay también un compañero del colegio del protagonista, que trabaja con su padre de trampero, el cual no quiere que el chico estudie. En fin, historias cotidianas.

La otra trama principal es la del hermano del ama de llaves, que tras varios trabajos temporales, se integrará en la comunidad como el profesor de la escuela, donde todos los niños estudian juntos en un aula, independientemente de su curso. Allí logrará conquistar el corazón de los pequeños, y encontrará su verdadera vocación.

Tras leer el libro, si alguien me preguntara, «¿de qué va?». Pues no sabría decirle. No va de nada. Cuenta una historia corriente, pero lo hace tan extraordinariamente bien, que la lectura avanza sola hasta el final del libro.

Una lectura muy recomendable ahora de cara al verano.