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El baile de las lagartijas

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

Una novela coral, en la que uno de los personajes, Cayute, repasa en su vejez toda la historia de su pueblo, Almoneda, desde que era pequeño, desde sus primeros recuerdos. Una historia mágica, poética, de desdichas y fracasos, salpicada de algunos momentos de felicidad pasajera.

Almoneda, una ficticia localidad española fronteriza con Portugal, es la verdadera protagonista de esta historia. Ella es el crisol donde se funden los personajes y las historias, para volver a nacer una y otra vez, cambiados, entrelazados, parejos y singulares al mismo tiempo, surgiendo unas de otras, para volver al inicio.

En Almoneda se concentran todos los personajes curiosos e inclasificables, todos los caracteres, todas las situaciones, por muy peregrinas que nos parezcan. Gente amargada, gente obsesionada, gente aburrida, gente con deseo de partir pero fuertemente amarrada a las raíces que les atan a Almoneda y que nunca les permitirán abandonarla para iniciar una nueva vida.

Ciertamente, Almoneda tiene un aire a Macondo o a Comala. Es una mezcla de las dos. En un principio pensé que se parecía más a Macondo, le encontré un ambiente más festivo, pero según va avanzando la novela, el pueblo va muriendo poco a poco, se va poblando de fantasmas y me fue recordando un poco más a Comala, con sus casas y sus calles impregnadas de la tristeza de la vida de sus habitantes.

Es un buen libro, tiene un buen argumento y me parece toda una heroicidad iniciar una carrera literaria atreviéndose con el difícil género del realismo mágico. Sus originales personajes están bien definidos, bien construidos, con detalle. Unos más que otros, evidentemente. El cuidado lenguaje poético le reviste de una belleza añadida y te invita a sumergirte en ese mundo en la frontera entre lo real y lo asombroso.

Si tengo que encontrarle algún “pero” a este libro es la exageración, aún teniendo en cuenta el género al que pertenece. El bello lenguaje que utiliza está mas cercano a la poesía que a la narración. Tiene demasiados personajes para la extensión de la novela, por lo que no se llega a ahondar demasiado en ellos: algunas historias se me quedan escasas, algo cojas y, a su vez, algo enredadas. Es cierto que las vidas de todos están enlazadas, pero algunas veces, estos enlaces están cogidos con pinzas. Los relatos de las distintas historias van y vienen, pasan de un personaje a otro sin demasiada relación, aunque siempre con el mismo escenario, Almoneda.

No sé, puede que no sea el exceso de personajes, quizá es que son demasiados caracteres singulares, demasiado diferentes para poder vincularlos adecuadamente. Cada vez que empieza a contarnos la historia de alguno de ellos –y son muchos, muchísimos-, vuelve atrás en el tiempo, sin haber dejado concluida la anterior, que -posiblemente- más adelante finalice. Esto hace un poco complicada la línea temporal.

He echado en falta un personaje central con más consistencia, que fuera el hilo que nos condujera, sin perdernos, de principio a fin. Cayute, a quién se califica de personaje central, no me pareció el más importante, el mejor definido. No le encuentro el protagonismo suficiente como para sustentar, de manera concisa y clara, el peso argumental de toda la novela.

Al final del libro Cayute intenta rematar todas las historias, aclarar que pasó con todos y cada uno de los personajes pero, aún así, no ha despejado totalmente de confusión las vidas de los almonedenses.

Aunque no podemos dejar de acordarnos de «Cien años de soledad» o de «Pedro Páramo«, no se trata de comparar esta novela con dos de las calificadas como mejores obras de la literatura universal. El que nos haga evocarlas ya me parece un mérito considerable.

Me quedo con su argumento y lo bien descritos que están los personajes de manera individual, lo cuidada que está su construcción, las originales situaciones en que se agitan todos ellos, el armonioso lenguaje utilizado y,  sobre todo, con el buen rato que me ha hecho pasar mientras la leía.

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