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El mundo. Juan José Millás

El mundo. Juan José Millás

Hace aproximadamente ocho o diez días que terminé de leer El Mundo de Juan José Millas, pero no ha sido hasta ahora que he podido ponerme delante del teclado para trasmitiros mis impresiones sobre él. Sin embargo, ese tiempo me ha venido bien, y entenderéis por qué.

Ya os dije que no sabía muy bien de que iba este libro y lo cierto es que según lo iba leyendo, me iba resultando un poco anodino e insustancial. Si llegar a hacerse pesado, pero sin terminar de atraer mi interés.

Se trata básicamente de un relato intimista y autobiográfico de la infancia, y adolescencia del autor, con citas e incursiones a su juventud y edad adulta. Una especie de memorias.

No es desde luego una autobiografía al uso, sino más bien una transcripción de recuerdos, que parecen escritos a vuela pluma (tal vez así sea), de la evolución de su infancia y adolescencia.

Estamos a finales de los años 50 y principios de los 60, en pleno comienzo del llamado desarrollo industrial de una España bastante atrasada en todos los sentidos.

Su familia, una familia numerosa típica de la época (de clase media/baja como eran más del 80% de las familias de aquella época), se traslada a vivir desde Valencia a Madrid, instalándose en una destartalada casa de los entonces arrabales de un Madrid que comienza a crecer hacia sus extrarradios. Cuenta entonces nuestro protagonista y autor con diez años y ese traumático cambio va a formar parte de la historia y los recuerdos de su infancia.

Esos recuerdos, van adelante y atrás en el tiempo, engarzándose sin demasiado orden y perdiendo fuerza, sobre todo pasado el primer tercio de la obra, que resulta más descriptivo: Su familia, la calle donde vive, la casa, los vecinos…

Precisamente la calle donde vive, va a ser gran protagonista de sus recuerdos y uno de los ejes de la obra. Por sí misma y por comparación con otras calles de otras ciudades donde ya de joven y adulto vivirá. Una calle a la que el autor casi parece querer dar vida propia.

La obra, recién terminada de leer parece de esas historia que no te han contado nada, insulsas en sí mismas y hasta decepcionantes. Y eso sin esperar nada de ella.

Mas parece como si el autor la hubiera escrito para sí mismo y no para ser leída por nadie.

Sin embargo, en los pocos días que han pasado, me voy dando cuenta de que la obra si ha calado y ha trasmitido algo más que lo que en principio parecía, que era bien poco o nada. Momentos y escenas que en su momento pasan sin pena ni gloria, ahora me vienen a la mente y las recuerdo como si las acabara de leer.

La descripción del frío que siente en Madrid y en su nueva casa, por comparación con el clima benigno de su Valencia. El retrato que hace de su vecino enfermo, otro niño de su edad al que apodan “El Vitaminas”. El sótano de la tienda de ultramarinos, desde donde ve toda su calle. Sus primeros viajes en tranvía al centro de la ciudad, su primer amor infantil. Sus pequeñas travesuras y heroicidades.

Y todo ello contado, más por el niño que fue, que por el adulto que escribe ahora.

En resumen, no es tan insulso ni tan anodino como parece a primera vista. Sin que a mi modesto entender estemos ante una gran obra, se deja leer (a veces con algún trabajo) siempre que no se espere de ella más de lo que da.

Pero sobre todo, creo que es una obra que hay que dejarla posar durante algún tiempo para después recordarla y recrearse en algunos de sus momentos. A mi al menos me ha pasado así, y eso me ha hecho subirle un poco mi valoración.