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Marina, de Carlos Ruiz Zafón

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

En la Barcelona de finales de los años 70, Óscar Drai, nuestro protagonista, un joven adolescente, viven en un internado alejado de su familia que está tan ocupada que no puede tan siquiera pasar las vacaciones con él.

La vida del internado le asfixia un poco y le gusta salir de vez en cuando, a escondidas, a pasear sin rumbo fijo por la ciudad. En uno de esos paseos llega a un barrio de casas que en su día debieron ser palacetes de lustre y renombre, pero que hoy se veían bastante abandonados.

Sin saber como ni porqué, entra en uno de ellos, más muerto de miedo que vivo. Le asusta todo: un gato que le mira extraño, una música que no sabe muy bien de dónde viene… y cuando estaba examinando un bonito reloj que encontró en una mesa, un hombre aparece de repente, lo que le hace huir de la casa a toda prisa y de manera atropellada. Llevándose el reloj.

Al cabo de un tiempo decide devolver aquello que no es suyo y que nunca quiso robar. Esto le lleva a conocer a la otra protagonista de la novela, Marina, que vivía en la casa en la que Óscar encontró el reloj.

Poco a poco se hacen amigos y, en uno de sus paseos, en busca de misterios o aventuras, deciden seguir a una misteriosa mujer cuyo rostro está oculto por un velo. Su persecución les lleva a un cementerio y a la tumba que la mujer va a visitar. Una lápida sin nombre en la que únicamente figura la imagen de una mariposa negra con las alas desplegadas.

Deciden seguir con sus pesquisas pero, lo que en principio sólo era un juego, empieza a volverse muy, muy peligroso. A partir de aquí, Carlos Ruiz Zafón, despliega todo su arte terrorífico, ideando tramas de horror a las que no les falta ninguno de los ingredientes típicos de las novelas o las películas de terror: Está escrita en primera persona, con invernaderos abandonados, muñecos articulados que parece (¿parece?) que cobran vida, laboratorios tipo doctor Frankstein, antiguas y polvorientas fotografías de seres extraños…y, por supuesto, terror psicológico, el peor de todos, el terror que se siente pero no se ve.

Los protagonistas empiezan a sentir: Sienten soledad, sienten presencias, sienten miradas, ven sombras, oyen ruidos, siente frío… todo inexplicable e imposible de comprobar, con visos irreales o mágicos. Pero estas sensaciones se vuelven cada vez más reales, más intensas. Según van adentrándose en una trama de la que parece que les resulta imposible salir, todos los sucesos se vuelven más terroríficos y, además, están solos. No tienen adultos que les ayuden, que les protejan, que les den seguridad. Son dos contra el mundo, contra el mal.

Tal y como esperaba, o mejor dicho sabía, es una novela juvenil escrita por el autor hace ya bastantes años, antes de decidirse a escribir la literatura para adultos. En comparación con las otras tres que componen todo su bagaje de novelas de terror juveniles, no me parece que sea más ni menos terrorífica que las demás. Lo que sí es cierto es que hay más muertes: Aquí muere hasta el apuntador.

Pero eso a mí no me causa más terror. Como he dicho antes, creo que el terror psicológico es el peor. Me da más miedo sentir algo que no veo, algo acechante, una amenaza desconocida, que un cadáver despedazado, torturado o cualquier otra cosa. Que también da miedo, no digo yo que no.

Definitivamente Marina es un libro que recomiendo a jóvenes lectores. Buenos lectores, pues no es una lectura ligera ni fácil, sino una novela intensa e interesante. También me parece buena lectura para adultos y debo reconocer que me ha gustado bastante, pero creo que a ellos, a los jóvenes, les gustará más. Los protagonistas son jóvenes de dieciséis o diecisiete años, por lo que les será más fácil empatizar con ellos, sentir lo que ellos sienten y vivir en primera persona los hechos que ellos protagonizan.