RSS
Entradas
Comentarios

El rapto del cisne, de Elizabeth Kostova

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

Una historia de amor entre un pintor y su musa. Hasta ahí todo parece ir bien, pero no lo es tanto si la musa lleva más de 100 años muerta y si el amor que le profesa el pintor, le lleva a éste hasta la locura.

Se inicia esta historia cuando el famoso pintor Robert Oliver es detenido por intentar atacar un cuadro del también prestigioso artista Gilbert Thomas, que aparece colgado en la Galería Nacional de Arte. Diagnosticado de trastorno mental es puesto en manos del psiquiatra Andrew Marlow, quien sólo consigue de su paciente unas pocas palabras antes de que caiga en un mutismo férreo.

Entre esas pocas palabras el paciente le dice: “Lo hice por ella” y “Puede usted hablar con quien le dé la gana”. Por aquí tiene que empezar, buscar el motivo y comprender su desproporcionada reacción, quién era ella y cómo un pintor de su categoría es capaz de atacar un cuadro tan hermoso, de tanta calidad artística. El cuadro en cuestión se llamaba “Leda” y era una representación del mito griego.

Esta es la imagen elegida para la portada del libro: Leda, de François-Edouard Picot. Tampoco es el cuadro protagonista de la historia. Supongo que no existe, pues lo he buscado activamente por internet. Me hubiera gustado verlo, creo que hubiera sido un punto importante para introducirte aún más en la historia.

Esta es la imagen elegida para la portada del libro: Leda, de François-Edouard Picot. Tampoco es el cuadro protagonista de la historia. Supongo que no existe, pues lo he buscado activamente por internet, al cuadro y a su autor. Me hubiera gustado poder verlo. Creo que hubiera sido un punto importante para introducirte aún más en la historia, para intentar sentir lo mismo que sintió el pintor y lo que sintió el protagonista del libro al verlo.

Como su paciente no habla absolutamente nada, a veces ni le mira e ignora por completo su presencia, Andrew Marlow decide poner a su disposición, como método de estimulación, todo el material necesario para que pueda pintar. Efectivamente, Robert Oliver empieza a pintar y Marlow se da cuenta de que el motivo de sus dibujos y pinturas es único -literalmente-, un solo tema: pinta, de manera obsesiva, el retrato de una mujer. Pero Robert sigue sin hablar.

Ante la imposibilidad de comunicarse con él, decide hacer algo que no es demasiado ético: hablar con sus familiares y amigos, con su entorno más cercano, sin que lo sepa el propio paciente. Tiene que conseguir entrar en su mente y se agarra a que, al fin y al cabo, le ha dicho que hable con quien quiera. De esta manera, conoce a su ex-mujer, Kate, y a su ex-amante, Mary, dos mujeres que, aunque ahora están muy resentidas con él, han llegado a amarle mucho.

Poco a poco, va desentrañando el misterio, va desliando la madeja, encontrándose a cada paso con nuevos elementos de cierta importancia en la historia, que también debe interpretar. Unas cartas escritas en francés, de finales del siglo XIX, jugarán un importante papel en la historia. Son la correspondencia mantenida entre Béatrice de Clevar y Olivier Vignot, tío de su marido, dos pintores impresionistas franceses.

Andrew las manda traducir y estas traducciones le van llegando poco a poco, espaciadas en el tiempo. De esta manera la novela va intercalando capítulos de la historia actual, con los de la historia de Béatrice y Olivier. Afortunadamente, los capítulos llevan por título el nombre de la persona que los narra y en el caso de las cartas, la fecha en que se escribieron. Es muy útil cuando se cruzan dos historias, pues te puedes reubicar con facilidad.

Una novela romántica, pero con varias historias de amor entrelazadas, de entre las que yo no sería capaz de decir cual es la principal y cuales las secundarias. También nos habla de historia y de arte. Es una novela de sentimientos, de emociones de todo tipo: amor, pasión, odio, celos, envidia, alegría, tristeza, remordimiento, sacrificio, dolor y miedo, vividos todos ellos con gran intensidad por los personajes y transmitidos con esa misma intensidad al lector.

Tiene un ritmo trepidante que hace que no puedas dejar de leer. La interrupción de una historia para introducirnos en otra, es a veces dolorosa. Tengo que confesar que, en las últimas páginas, salté unos capítulos para ver cómo terminaba la historia de Béatrice y Olivier, para luego volver atrás y seguir con la historia actual. No lo podía soportar, la espera se hacía eterna.

Pero una vez hecho, os pido a los futuros lectores que no cometáis mi error. La novela debe ser leída como la ha escrito la autora, pues de la otra manera (la tramposa, mea culpa), te enteras del final, vale, pero la historia pierde intensidad y el clímax no llega a ser tan espectacular. De hecho, volví a leer los capítulos en su orden correcto y la narración gana en consistencia, los hechos son más coherentes y todos tienen mayor trascendencia, son más importantes en conjunto que por separado. Cada capítulo tiene una unión con el anterior y una continuación en el siguiente, aunque sean historias diferentes, pues están íntimamente relacionadas.

No he leído su otra obra, “La historiadora”, pero si tiene la mitad de la calidad de esta novela, tiene que ser espectacular. Si pasa cerca de mí, caerá en mis manos. Seguro.

¡Ah!, tengo que decir que le he encontrado una pega, aunque no a la autora y a su libro, sino a la publicación en sí: No tiene índice. Eso que tanto eché en falta en la lectura de «El Asedio», lo he vuelto a necesitar ahora. Debe ser que ya no se lleva eso de indexar los capítulos de los libros.

Es cierto que leo muchos libros que no necesito consultar el índice y puede ser que tampoco lo tengan y yo no lo note. Me fijaré un poco más la próxima vez. Lo cierto es que los libros de un volúmen considerable, necesitarían llevar este apartado tan importante, imprescindible a la hora de buscar, para releer o consultar, capítulos,  párrafos o escenas ya leídas.