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Literatura y Cine

Literatura y cine

Literatura y Cine…  ¿Dos manifestaciones artísticas antagónicas, complementarias o independientes?

La realidad es que desde que apareció en escena el séptimo arte, no son pocas las novelas que han sido llevadas a la gran pantalla en forma de guiones, guiones adaptados o simplemente adaptaciones libres, que son aquellas en que el producto cinematográfico simplemente se inspira en la obra pero sin ceñirse necesariamente a ella.

La trascendencia y popularidad del cine, ha hecho que muchas de estas películas hayan superado en popularidad a la obra literaria que las inspiró, dándose incluso la circunstancia de que el espectador haya conocido la existencia de una novela, precisamente tras haber visto la película correspondiente. Un efecto inverso que ha convertido al espectador en posterior lector y que muchos autores habrán agradecido, pues buena parte de su éxito de tirada ha sido precedido del estreno de la película.

No es esta la regla general desde luego, pues de todo hay y con resultados muy diversos en cuanto a éxitos y fracasos. Grandes novelas y clásicos de la literatura han dado lugar a magníficas películas e incluso a obras de arte del cine, pero también a otras de muy mediocre factura. Y por el contrario novelas que pasaron en su día sin pena ni gloria, han dado lugar a buenas películas o al menos éxitos de taquilla, gracias a que algún director atrevido supo ver en aquella novela un buen guión.

Los ejemplos son para todos los gustos, y para mí un clásico de una buena novela convertida en obra maestra del séptimo arte, es sin duda Lo que el viento se llevó.

Lo que el viento se llevó

Lo que el viento se llevó

La magnífica obra de Margaret Mitchell, fue llevada al cine por Victor Fleming con el éxito que todos conocemos, y que la ha llevado se ser considerada como unas de las mejores películas de la historia del cine, superando incluso en popularidad a la propia novela. Es el clásico ejemplo de un éxito literario que se convierte en éxito cinematográfico, siguiendo una adaptación bastante fiel y ayudado por la sublime interpretación de dos actores, Clark Gable y Vivien Leigh, que bordan, rayando la perfección, los personajes creados por Margaret Mitchell.

En esta línea de éxito literario seguido de éxito cinematográfico, podemos citar las más recientes de El Señor de los anillos de J.R.R. Tolkien o “Harry Potter”. Los éxitos de tirada van paralelos con los éxitos en taquilla.

El señor de los anillos

El señor de los anillos

Harry Potter y la piedra filosofal

Harry Potter y la piedra filosofal

Veamos ahora un ejemplo de una novela, que se publica en 1977 con un éxito discreto de tirada, sobre todo porque el tema esta dirigido a un público no minoritario, pero sí de culto. Se trata de la novela de Stephen King, El Resplandor, (título original The Sinning). Es su tercera novela y la que le consagrará como un maestro del terror.

Pues bien, en 1980 Stanley Kubrick decide llevarla al cine, tomándose algunas pequeñas licencias que no alteran el contenido, pero que a King no le gustan. Pronto se convierte en un éxito absoluto de taquilla, hasta el punto de que hoy en día algunas de sus escenas se han convertido en un referente en la cinematografía. Jack Nicholson, en el papel de Jack Torrance, logra una interpretación sublime de un personaje difícil donde los haya de llevar a la gran pantalla.

El Resplandor

El Resplandor

Tal es el éxito de la película, que aquí en España, la novela que en principio había sido traducida como “Insólito esplendor”, fue cambiado por el de la película tras el éxito de ésta.

No es el caso, en cambio de la magnífica obra de Ken Follet “El tercer gemelo” editada en 1996, y que un año después se encargó de llevar al cine, con más pena que gloria, Tom McLoughlin. La película, con un excesivo metraje, quizá en el ánimo de seguir fielmente la obra de Follet, resulta aburrida e insulsa. Tampoco los actores Kelly McGillis y Larry Hagman (el odiado JR de Dallas), aportan nada en este caso. Casi podemos hablar de un producto de serie B, y eso siendo benevolentes.

El tercer gemelo

El tercer gemelo

Aquí en España, también han sido numerosos los casos de novelas adaptadas al cine, e incluso a series televisivas, y también como es evidente con resultados muy diversos.

Menciono entre las primeras, por haber leído la novela y haber visto la película, títulos como:

“La muchacha de las bragas de oro”, escrita por Juan Marsé y Premio Planeta 1978, no es para mi gusto ni mucho menos, de las mejores obras suyas. Una obra casi sin historia y en muchos sentidos hasta decepcionante. Sin embargo en 1979 Vicente Aranda la lleva al cine, y consigue un film más que correcto, a base de una magnífica fotografía y un gran trabajo de los actores.

La muchacha de las bragas de oro

La muchacha de las bragas de oro

Lo contrario sucede con “Plenilunio” de Antonio Muñoz Molina, editada en 1998. Probablemente una de las mejores novelas que haya podido leer. Imanol Uribe la lleva a la gran pantalla en el año 2000, y pese a su magnífico trabajo, la película no alcanza a ser mas que una simple película policíaca. Se queda en la superficie, sin poder entrar en los perfiles psicológicos que Muñoz Molina consigue retratar en la obra y que son parte del éxito de la misma.

Plenilunio

Plenilunio

“Son de Mar” es un obra muy correcta y entretenida de Manuel Vicent, Premio Alfaguara 1999. Una trama original con algunos toques exóticos y un magnífico trabajo descriptivo tanto de los lugares como de la sociedad valenciana de los años ‘60/’70, la hacen muy recomendable. Bigas Luna la lleva al cine en el año 2001, y sin grandes pretensiones consigue una muy buena película, sugerente, fácil de ver y sobre todo transmitiendo prácticamente todas las sensaciones que la novela hace llegar al lector. Perfecta interpretación de Jordi Mollá que ayuda mucho a ello.

Son de mar

Son de mar

No quiero dejar de mencionar aquí, dos novelas de Arturo Perez-Reverte, trasladadas a la pantalla con cierto éxito. Se trata de “El Club Dumas”, editada en 1993 y llevada al cine por Roman Polanski en 1999 en adaptación libre y bajo el título de “La novena puerta”, protagonizada por Jhonny Deep.

El club Dumas / La novena puerta

El club Dumas / La novena puerta

Y “Alatriste” serie de novelas iniciada en 1996 y que cuenta hasta la fecha con seis entregas. La película fue dirigida por Agustín Diaz Llanes en 2006 y protagonizada por Vigo Mortenssen.

En el primer caso, para mi gusto, la película es buena, aunque Polanski, por razones de metraje, o vaya usted a saber por qué (“estamos hablando de Polanski”) decide prescindir de algunas partes de la obra, centrándose sólo en la parte del Diablo. Tal vez por ello, Pérez-Reverte ha manifestado en alguna ocasión su descontento con respecto a como quedó el film. La interpretación de Jhonny Deep, como inspector Corso, magnífica, como de costumbre.

En cuanto a “Alatriste”, a mi particularmente no me sedujo demasiado. Creo que es la segunda película española con mas presupuesto hasta la fecha, pero el resultado final, para mi gusto no está a la altura. Demasiadas cosas comprimidas en el metraje, y un Vigo Mortenssen, que a mi modesto modo de ver, no se termina de encontrar cómodo con el personaje o no termina de encajar en el perfil. Como demasiado encorsetado. Sin embargo, Pérez-Reverte sí ha manifestado estar contento en esta ocasión con el resultado.

Alatriste

Alatriste

Entre las series televisivas, me vienen a la memoria dos de las mejores obras de Vicente Blasco Ibañez, La Barraca y Cañas y Barro, que fueron adaptadas a la pequeña pantalla con una más que correcta factura y un gran éxito de audiencia.

La barraca

La barraca

Curioso resulta el caso, entre las obras adaptadas a la pequeña pantalla, de la que para mi es una de las mejores de la literatura española. Me estoy refiriendo a la trilogía “Los Gozos y las Sombras” de Gonzalo Torrente Ballester, autor encuadrado en la llamada Generación del 36.

En 1957, se publica, sin pena ni gloria y sin apenas repercusión, la primera parte de la trilogía “El señor llega”. Tal es el fracaso que Torrente Ballester se plantea incluso dejar de escribir, pero la concesión del premio de Novela Fundación Juan March, le anima a seguir con las otras dos partes de la trilogía y una prolífica colección de títulos más, entre novela, teatro, periodismo y ensayo, pero siempre con muy poco reconocimiento y hasta dificultades de publicación.

Hasta que en 1982 Jesús Navascués ve en la obra un filón inexplotado y decide producirla y adaptarla a la televisión, en trece capítulos dirigidos por Rafael Moreno Alba y magníficamente interpretada por Charo López, Eusebio Poncela y Carlos Larrañaga.

El éxito es tal, que inmediatamente obliga a una reedición de la novela, ahora sí, con un éxito de crítica y de tirada que la hace convertirse en todo un referente de la literatura y aportando al autor el reconocimiento y prestigio que hasta entonces se le habían negado.

Un típico ejemplo de los que antes citábamos, en como puede influir una adaptación al cine o la TV de una obra, sobre la propia obra y su autor.

Los gozos y las sombras

Los gozos y las sombras

Dicho todo esto, y citados algunos ejemplos, vamos a ver ventajas e inconvenientes que puede tener el hecho de leer primero el libro y luego ver la película o viceversa. Seguro que como lectores aficionados al cine, o espectadores aficionados a la lectura, alguna vez nos habrá surgido la duda de en qué orden hacerlo.

Desde luego que como en todo, tampoco aquí nos vamos a encontrar una regla fija.

A priori, suele pasar con frecuencia y lo habremos oído comentar más de una vez, que después de haber leído un libro, la película correspondiente no nos ha gustado demasiado. Nos ha podido parecer pobre, una historia recortada y muchas veces mal hilada o muy superficial, en comparación con el libro. Esto tiene una explicación lógica, o mejor dicho varias.

La primera es que en la lectura de un libro, además de todo lo que el libro nos cuenta, con una profusión de detalles que una película ha de obviar, por razones de metraje, entra en juego la mayor parte de las veces la imaginación del lector. Una imaginación que hace la obra más extensa y prolífica de lo que ya de por sí pueda ser. Siempre que leemos un libro, en nuestra cabeza se reproducen imágenes, sentimientos de los personajes, e incluso deseos de que pase esto o aquello.

El cine deja poco lugar a la imaginación. Hay lo que vemos y el hilo de la trama sigue inexorablemente el de la secuencia de las imágenes. Hay poco lugar a que el espectador se monte su propia película en la cabeza. No hay más que lo que se desarrolla ante nuestra vista, que nos puede gustar mas o menos, pero no deja nada o casi nada a la imaginación. Por eso muchas veces puede parecer pobre si la comparamos con el libro leído con anterioridad.

Literatura o cine

Otra explicación es, como hemos apuntado ya antes, la limitación que tiene el cine en el tiempo de metraje. Un escritor no tiene ninguna limitación a la hora de extenderse en describir escenas, paisajes, situaciones, sentimientos de los personajes…. El director de una película, tiene que constreñirse necesariamente a un tiempo de metraje, lo que le obliga a prescindir muchas veces de pasajes del libro, que en un momento dado a nosotros nos han podido resultar claves en el desarrollo de la trama. De ahí la sensación de que la historia este incompleta o nos resulte pobre.

Veamos con un ejemplo lo dicho hasta ahora, para comprenderlo mejor.

En un pasaje cualquiera de una novela cualquiera, podríamos leer algo así:

…La fría, profunda y acerada mirada de aquel hombre, clavada en sus ojos, heló la sangre en las venas de la muchacha. Un escalofrío incontenible recorrió su cuerpo de abajo hacia arriba y nubló su mente, atrapándola en una confusión de sensaciones incontrolables, de deseos inconfesables, que sabía que la iban a marcar para toda la vida…”

Bien, pues este momento descrito por el autor de la novela, traducido a una pantalla, se convierte en el mejor de los casos, en un segundo de una escena. Por muy inspirados que estén tanto actores como director, va a ser muy difícil que al espectador le llegue todo ese cúmulo de sentimientos que el escritor se ha entretenido en detallarnos ¿no os parece?

Mientras estamos leyendo, nuestra imaginación esta trabajando. Estamos viendo la escena en nuestro interior. Casi hasta sentimos el escalofrío, o jugamos a poner la mirada “fría y acerada”. En cambio, en la butaca del cine, puede que hasta esa escena de un segundo nos pase desapercibida.

Y resulta que a lo peor, es el momento clave sobre el que va a girar todo el argumento o trama.

Cierto que el director de cine siempre contará con algunos recursos para reiterarnos la escena, como repeticiones estratégicas de la misma, una música adecuada que nos llamé la atención, etc… Pero aún así puede ocurrir que se nos escape o no entendamos todo su significado.

Por último, algo que suele decepcionar en las películas después de haber leído el libro, son esas licencias que suelen tomarse los directores, cambiando escenas, modificando personajes o trastocando los finales. Estamos esperando que pase algo y resulta que no pasa o pasa lo contrario, descolocándonos por completo, pues llevamos en nuestra cabeza el hilo argumental del libro, y aquí nos lo cambian sin previo aviso.

No pocas adaptaciones habré visto tanto en cine como televisión de la obra de Alejandro Dumas “El Conde de Montecristo” y en casi ninguna el final coincide con el de la obra.

Fotograma de la película "El Conde de Montecristo" (2002)

Fotograma de la película "El Conde de Montecristo" (2002)

Dicho esto, lo ideal parece optar por ver primero la película y después leer el libro. De esta manera la película será lo que es, sin ser objeto de comparación, y luego leyendo el libro, nos vendrán a la imaginación las escenas de la película y los personajes con el rostro de los actores que los interpretaron.

Digamos que de esta manera el libro completa, complementa y ayuda a cubrir esos vacíos que pudo dejarnos la película. Pero recordemos que si lo hacemos así lo estamos haciendo al revés de como se fraguó. Primero se escribe el libro y después se rueda la película, y nosotros estamos proponiendo consumirlo en sentido inverso. Ello además no siempre es posible, ya que a veces ocurrirá que ya hemos leído el libro cuando se estrene la película.

Ahora bien, desde luego que esto no es una regla matemática, no tiene por que ser igual en todos los casos ni para todo el mundo, pues habrá quien prefiera lo contrario.

Es cierto que la historia del cine está llena de escenas en las que es perfectamente aplicable aquello de “Una imagen vale más que mil palabras”. Escenas que por muy bien descritas que estén en un libro, no alcanzan la fuerza que tienen en pantalla, y en ese sentido podríamos estar ante el efecto contrario al antes descrito.

Por referirnos a películas de las que aquí hemos citado: En “Lo que el viento se llevó” hay dos escenas para mí, memorables: Una es la famosa de Scarlett O’Hara gritando al viento sobre un fondo de cielo rojizo aquello de “… A Dios pongo por testigo…”. Y la otra es a Reth Barlett, contestando a Scarlett, al abandonar Tara: “… Francamente, cariño, eso ya no me importa…”

O en “El Resplandor”, cuando Jack Torrance (Nicholson) golpea con el hacha la puerta del baño y se asoma entre las astillas con una mirada que hiela la sangre en las venas del espectador”.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=JA0vW6QC7Lw&feature=related[/youtube]

Son escenas memorables, de las que se graban en el recuerdo y jamás se olvidan. Escenas que leídas pueden pasar desapercibidas o hasta resultar decepcionantes por comparación.

Como veis, no hay pues una regla fija. Cada caso de libro/película es susceptible de ser interpretado por cada lector/espectador de una manera distinta. Y en cada uno de ellos y según criterio, puede ser aconsejable ver primero y leer después o viceversa.

Yo por mi parte me inclino por la primera opción en la mayoría de los casos. Entiendo, sin embargo, sobre todo tratándose de las llamadas obras maestras del séptimo arte o incluso de simplemente buenas películas, que pueda ser aconsejable lo contrario.

Espero que por lo menos el tema haya resultado interesante y los ejemplos propuestos hayan servido como guía para aclarar ideas.

Un saludo para todos.