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DIARIO DE LECTURA

Diario de lectura

Una nueva amiga bloguera colabora hoy con nosotros. Es Bárbara, del blog Diario de Lectura. Nuestra amiga se confiesa adicta (sí, como suena, adicta) a dos drogas que enganchan con fuerza, pero que no son dañinas: La lectura y el cine. Creo que más de uno de los que formamos esta comunidad, compartimos con ella alguna de estas adicciones.

Esto le ha llevado a crear un blog en donde, como ella misma dice, comenta libros de todo tipo y grosor. Y formato, porque también lee libros digitales e incluso escucha audiolibros.

La tipología y temática de libros que lee es de lo más variada, desde libros infantiles hasta libros de ciencia, pasando por clásicos de ciencia ficción o algunos verdaderamente raros-raros-raros.

La mayoría de sus post son sobre literatura, pero también comparte con nosotros algunas de las películas que más la gustan. También en cine tiene gustos de lo más variado, películas entretenidas , películas infantiles

Con todo esto os quiero decir que su blog es muy ameno y con tanta variedad, que todo el mundo puede encontrar una parcela en la que se encuentre a gusto y en dónde sienta que comparte intereses con la autora.

Aunque Bárbara lleva ya unos años en la red, nosotros visitamos su blog desde hace aproximadamente un año, pero últimamente nos estamos volviendo adictos a sus reseñas (esta entrada va a tener que estar controlada por la agencia antidroga).

Me gusta su blog porque esta escrito con un lenguaje sencillo, directo y claro, porque me siento como en casa y porque la relación que Bárbara establece con sus visitantes es casi una relación de amistad, que te hace sentir cómodo. También me gusta que no tiene ningún problema en anunciar que un libro no le gusta si éste fuera el caso. Lo dice, lo abandona y a otra cosa, mariposa. O mejor dicho, a otro libro.

En esta pequeña presentación del blog Diario de Lectura, he puesto varios enlaces para que visitéis y comprobéis la variedad y calidad de las reseñas de Bárbara, pero yo os recomendaría que naveguéis por sus páginas vosotros mismos, a vuestro antojo, y podréis comprobar que todo lo que he dicho es muy cierto.

Bárbara ha tenido la amabilidad de presentar aquí una primicia, una reseña que nos ha permitido publicar en nuestro blog antes de que ella lo haga en el suyo, lo que le agradecemos enormemente.

Os dejamos con una muestra de su buen hacer.

SNOW CRASH, de Neal Stephenson

El Repartidor pertenece a un cuerpo de élite, una orden sagrada. Rebosa esprit de corps. En este momento se prepara para llevar a cabo su tercera misión de la noche. Su uniforme, negro como el carbono activado, absorbe la mismísima luz del aire. Las balas rebotan en el tejido de aracnofibra como un gorrión al chocar con una puerta, pero el exceso de sudoración lo atraviesa como brisa que soplase sobre una selva recién bombardeada con napalm.

Así empieza Snow Crash, novela perteneciente snow
al género del cyber-punk, publicada en 1992. Y el Repartidor reparte nada más y nada menos que pizzas, que parece una exageración tomarse tan en serio la puntualidad en el reparto como pare enviar a esa especie de comando ninja a entregarlas. Pero no lo es tanto, cuando repartes pizzas para la Mafia.

La sociedad del futuro que plantea esta novela ya no se parece en nada a la actual. Los gobiernos, o al menos el de los EEUU, se han devaluado y reducido hasta casi desaparecer, y el poder está en manos de grandes corporaciones o franquicias, a las que la gente pertenece o para las que trabajan. La franquicia de Narcolombia se ocupa de la venta de drogas, que no es que sea legal, sino que ya no importa su ilegalidad. Sus barrios son violentos e inseguros, a diferencia de los de la Mafia, con su estructura basada en la familia y el pago de favores. El Honk Kong de Mr. Lee parece ser la base financiera (el dólar americano está tan devaluado que los billetes de un billón ya no valen nada). El servicio de correos ha sido sustituido por los korreos, quinceañeros en monopatines de altísima tecnología que se desplazan a toda velocidad arponeando a los coches que pasan.

En medio de todo esto surge la amenaza de un virus que tiene la peculiaridad de ser transmisible tanto por contagio sanguíneo como informático. Porque afecta al firmware del cerebro, así que un hacker capaz de leer código binario quedaría infectado con solo echar una mirada al bloque de ceros y unos en el que está escrito el virus. ¿Complicado? Sí, y enervante, maldita sea, ¡que yo sé leer binario!

Pero la cosa va a más, porque este virus es el mismo que provocó el caos en la torre de Babel, alterando la parte del cerebro que procesa el habla. O sea, que es un virus creado por Dios.

El pizzero, que además es un hacker, se enfrentará a esta amenaza con la ayuda de una de los korreos, tanto en el mundo real como en el Metaverso, una especie de Second Life mucho más desarrollado en el que la gente vive una vida mucho mejor que la real.

La trama es enrevesadísima, pero resulta muy entretenida, y es un futuro que, bien pensado, no parece tan improbable (dejando al margen los virus divinos que escriben en la BIOS del cerebro). El autor es muy irónico y crítico, sobre todo con los pequeños fragmentos de burocracia que se resisten a desaparecer, como los Federales. Hay un memorandum sobre el papel higiénico que resulta divertidísimo. Os pongo un fragmento:

Sin generalizar en exceso, puede afirmarse que una característica inherente e inmanente de cualquier fondo común de papel higiénico llevado a cabo a nivel de oficina, en un entorno (i.e., edificio) en el que los aseos públicos están distribuidos por pisos (i.e., en el que varias oficinas comparten una misma instalación) es que en los confines de cada oficina debe proveerse un espacio para el almacenamiento temporal de las unidades de distribución de papel higiénico (i.e., rollos). Esto se deriva del hecho de que si las UDPH (rollos) se almacenan, mientras están inactivas, fuera del alcance de la oficina controlante (i.e., la oficina que ha adquirido colectivamente la UDPH), es decir, si las UDPH se almacenan, por ejemplo, en un vestíbulo o en el interior de la instalación en la cual se utilizan, estarán sujetas a «mengua» al ser consumidas por personas no autorizadas, bien como parte de un intento deliberado de hurto, bien a causa de un sincero malentendido, es decir, la creencia de que las UDPH son proporcionadas gratuitamente por la agencia operativa (en este caso el Gobierno de los Estados Unidos), o bien como resultado de una necesidad, como en el caso de un derramamiento de líquidos que amenaza equipo electrónico delicado y cuya gestión, pues, no admite demora.

Esto es solo una pequeña parte, la cosa se prolonga durante seis páginas.

Una lectura interesante y muy entretenida.

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