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Antología Z, Volumen 2.

Antología Z, Volumen 2.

Terminado está ya el libro que comencé a leer hace unos días. Ha resultado una experiencia muy entretenida. Los libros de relatos siempre son interesantes, ya que su lectura representa un balón de oxígeno entre la lectura de dos novelas. El ritmo de la lectura es completamente distinto, y la forma de abordarlo también. No es que sea mí formato favorito, pero de cuando en cuando me gusta meterme con una. Si encima es de un género que me gusta bastante, como este que tenemos entre manos, pues mucho mejor.

Se trata de veinte relatos, así que no voy a hacer una reseña de todos ellos. Me limitaré a comentar algunas impresiones generales, y las sensaciones que el libro me ha proporcionado, comentando alguno de los relatos que más me llamaron la atención.En primer lugar he de decir que, respecto a su primer volumén, la antología ha ganado bastante en consistencia. Se nota que los autores de esta segunda parte no son escritores amateurs, sino que en muchos casos, son autores bien consolidados dentro del género. Por otra parte, el libro pierde en frescura y espontaneidad frente a la primera parte, donde los autores eran los propios consumidores de este tipo de literatura, fanáticos en gran medida del género, y con una gran ilusión por contar una historia. No sabría con cual de los dos volúmenes quedarme. Afortunadamente no tengo que tomar esa decisión, pues tengo los dos, mwahahaha…

Uno de los relatos que me gustó fue «Ajenjo», de Pedro Escudero. El autor nos presenta a ciertas personas que son indetectables para los zombies (si no hacen mucho ruido), y que son usados por los supervivientes para ciertas «misiones». Son los conocidos como invisibles o errantes. Interesante por lo novedoso. También aparece un tema atípico, que es el de la cría de vivos por parte de los zombies, que construyen estructuras donde guardar el «ganado». Este tema sólo lo he visto anteriormente en la trilogía de Wellington, y porque allí había al mando uno de esos zombies «listos» que mantienen la conciencia, como nuestro amigo Enrico.

Otro relato interesante, en este caso por lo angustioso, es «Al otro lado de la pared», de David Jasso, donde vemos a una joven pareja atrincherada en su piso, agotando poco a poco sus recursos básicos sin atreverse a salir, hasta que ya es inevitable, y deciden hacer un agujero en la pared para pasar al piso del vecino a por víveres…

Uno que tenñia ganas de leer, por lo polémico del asunto, era «La primera resurrección», de Rubén Serrano, en la que se trata la figura de Jesucristo desde un punto de vista un tanto… «peculiar». La iglesia católica (o alguno de sus afiliados) protestó fírmemente, y Dolmen tuvo que publicar una nota explicativa. El relato, por cierto, no me pareció cosa del otro mundo, más allá del morbo del tema.

Uno de los que más me gustaron fue «Tras una persiana veneciana», de Emilio Bueso, en la que dos niños pequeños escondidos en una gasolinera ven pasar noche tras noche hordas de no muertos (gente rota, como los llaman ellos) tras las persianas del escaparate. Desesperante, y como siempre que hay niños pequeños implicados, con un toque extra de crueldad psicológica.

En definitiva, es una obra recomendable si el género te gusta. No apta para no iniciados.