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Mientras dormían, de Donna Leon

Mientras dormían, de Donna Leon

(Ver Leyendo-Ficha técnica)

También esta vez he terminado rápidamente con esta novela. Muy diferente a la historia anterior, o así me lo parece, en su planteamiento, su desarrollo, pero sobre todo en su final. Aquí no hay crimen (aparente), no hay casi investigación (oficial) y no se detiene al malo. Al menos no se le mete en la cárcel. No obstante es un libro que mantiene tu atención constante en el desarrollo de la trama.

En esta ocasión el comisario Brunetti está supliendo a su jefe, el vicequestore Patta, que está de luna de miel. Como acostumbra a decir Brunetti, en Venecia el índice de criminalidad es muy bajo y ahora que está él al mando, especialmente, por lo que parece que los días se suceden iguales uno tras otro.

Estando en el despacho bastante aburrido recibe la visita de una joven de aspecto extraño, vestida de una manera un tanto descuidada y poco esmero en el peinado. No obstante es una bella mujer de ojos penetrantes y pestañas largas y espesas. Al comisario le suena su cara y nota que ella le mira como si fueran conocidos, pero no es capaz de identificarla.

Por fin es ella la que desvela el misterio: es la monja que cuidaba a su madre en la residencia, con la que ha compartido infinidad de ratos, charlando sobre su madre o sobre cualquier otra cosa. La más amable, la más entregada, la más cariñosa y la más caritativa de todas las hermanas, ha abandonado los hábitos y viene a compartir con Brunetti una sospecha, para la que no tiene pruebas ni fundamentos, pero que no la deja vivir y que ha provocado su salida de la orden religiosa a la que pertenecía. Su huída, más que su salida. En la residencia en la que trabajaba y vivía, han muerto cinco ancianos en las últimas semanas. Aparentemente todo es normal. Los certificados de defunción son legales y a nadie le extrañaría que una persona mayor muriera de un ataque al corazón o de cualquier otro tipo de muerte repentina mientras duerme. Suele ocurrir, sobre todo después de las vacaciones. La propia joven lo reconoce.

Pero ella piensa que hay algo raro en ello. Ningún anciano fallecido estaba especialmente enfermo. Todos eran personas sin cónyuges y que apenas recibían visitas. Y, lo que le parece más sospechoso, todos dijeron en algún momento que, al morir, se acordarían de la residencia en su testamento.

Sor Inmaculada, o ahora ya María Testa, viene a compartir con el comisario sus dudas, pues no sabe a quien recurrir, no conoce a nadie, toda su corta vida la ha pasado en el convento y sus recursos son limitados. Su superiora y su confesor, a quienes les ha contado sus sospechas, no han recibido nada bien sus insinuaciones, por el contrario ha sido obligada a recapacitar y desdecirse mediante dos meses de “arresto” en su habitación (¿su celda?).

Brunetti no cree que puede haber nada sospecho en las muertes, pero su aprecio y su respeto por Sor Inmaculada (María Testa), le obliga a realizar al menos una breve investigación.

Esta investigación no muestra indicios de que haya nada anormal en sus muertes ni en sus herederos. Nadie ha dejado dinero a la residencia de ancianos ni a la orden religiosa que la regenta. Brunetti guarda toda la documentación en un cajón a la espera de nuevos acontecimientos o de que María Testa (Sor Inmaculada) abandone su interés por haberse dado cuenta de que, realmente, no hay nada por lo que preocuparse.

Pero unos días más tarde recibe una llamada: María Testa, ha sido atropellada por un coche que se dio a la fuga. Esta muy grave, en coma, y es posible que nunca se recupere. Brunetti piensa que pudiera ser que alguien tenga miedo de lo que pueda saber María.

Al mismo tiempo, otro problema con sotana aparece en su vida. Su hija Chiara, una joven adolescente de expediente académico brillante, suspende en la asignatura de religión. Preguntada por ello, responde con evasivas y un poco a la defensiva. Su hijo mayor, Raffi, que conoce también al profesor que da clases a su hermana, levanta alguna sospecha sobre la relación de este cura con las jóvenes alumnas. Por supuesto, Brunetti, decide investigarlo. Lo primero es que su hija abandone las clases de religión y luego veremos lo que encuentra.

De estos dos problemas en los que está implicada la iglesia, sólo este último tendrá una resolución clara, y no por medios legales precisamente.

El otro, el de los ancianos, como creo que ocurre muchas veces en la vida real, cuanto más avanza en su investigación, más problemas encuentra, más tropiezos, más manos poderosas (políticas y religiosas) van frenando su posible resolución hasta que terminan por frenarlo, pararlo y hacerlo desaparecer. Quizá con alguna cabeza de turco dispuesta a sacrificarse por su fe.

No tengo más remedio que otorgar a este libro la máxima puntuación. Estoy empezando a aficionarme a esta autora.