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Diario de un zombi, Sergio Llauger.

Diario de un zombi, Sergio Llauger.

Como diría el torero, «en dos palabras, im-pezionante». No quiero ser exagerado, pero es lo mejor que he leído de este género, y ojo, he leído bastante. Sin duda un libro que todo aficionado al género «z» debe tener en su biblioteca. Ya estáis comprando uno (o robándolo, que los tiempos son complicados).

La historia, tal y como la cuentan el la sinopsis del libro, parece que van a ser un zombie «listo» y una niña pequeña. Ya tenemos historia de contrastes, como mil en la historia del cine y la literatura, al estilo de La extraña pareja, buscando la situación cómica. Para nada.

No sé como enfocar esta reseña sin caer en el spoiler, porque es muy complicado no dar datos, así que lo mejor que puedo hacer para no reventarla parcialmente, es reventarla del todo. Si no has leído la novela y planeas hacerlo (que deberías), no sigas leyendo la reseña y fíate de mi. Te va a gustar. De lo contrario, dale al «Continuar leyendo» y sigue un rato más conmigo.

El libro nos presenta una Barcelona postapocaliptica en la que nos no muertos campan a sus anchas, y sólo algunos humanos se ocultan en algunos escondrijos. Y luego está Enrico. Enrico es un zombi que no ha perdido la conciencia, no se sabe muy bien por qué. Viven tranquilo una vez que asume su condición, ya campa por su ciudad a sus anchas. Va al cine (siempre a las mismas películas, es lo malo), juega a la PlayStation en casa en una tele de plasma, colecciona cosas que encuentra por ahi, llevando una existencia apacible. De vez en cuando ve por su cristalera como sus congeneres acorralan y dan caza a algún humano distraído, en fin lo típico.

El problema de Enrico es la soledad (y la putrefacción, vaya), porque no ha logrado comunicarse exitosamente con otros zombies (aunque ha tenido a uno como mascota en casa un tiempo), ni por supuesto, con los humanos que encuentra, que salen pitando en otra dirección. Se aburre y se siente sólo.

Un día de tantos, encuentra una niña pequeña que le mira sin aparentar síntomas de miedo, y eso le sorprende. A pesar de perderle la pista, decide seguirla y curiosear un poco. Lo que encontrará cambiará su existencia por completo.

Enrico encontrará a la pequeña y a su protectora, una mujer de armas tomar, y disfrazado con mono de SWAT y casco antidisturbios evitará que le vuelen la cabeza al acercarse antes de poder entablar conversación. La mujer y la niña viajan al norte y están sólo de paso, así que no darán quebraderos de cabeza a nuestro Enrico, pero la aparición de un nuevo actor en escena, les hará cambiar sus planes; los Arcángeles. Seres monstruosos creados genéticamente hibridando zombies hormonados con injertos de armamento biónicos, como lanzallamas o fusiles, soltados por los supervivientes en zonas infectadas con el fin de limpiarlas para su posterior repoblación. Los Arcángeles exterminaran todo lo que se mueva: humanos, zombies o ratas de alcantarilla.

Algo así debían ser los Arcángeles.

Algo así debían ser los Arcángeles.

Deberán coperar para huir del enemigo común, aunque en la huída se hará evidente la condición de Enrico. Una vez superada la primera tensión, la mujer superará sus prejuicios y decidirá confiar en él (aunque sin quitarle el ojo de encima). Le confesará pues sus planes.

La niña es portadora de un anticuerpo que, sintetizado, podrá contrarrestar el vírus que infecta a los vivos y los comvierte en no muertos. Ella es parte de la misión de rescate que la debe llevar a un laboratorio en Francia, aunque su equipo ha quedado diezmado, y ella intenta llegar como sea a los Pirineos. Sin mcha convicción, Enrico aceptará ayudarlas como guía hasta sacarlas de la ciudad, pero ni un paso más.

Como podéis imaginar, al llegar a las afueras de Barcelona la mujer muere, y Enrico deberá decidir entre abandonar a la niña a su suerte y volver a su apacible existencia, o hacerse cargo de ella y acompañarla en su periplo. La responsabilidad del adulto puede más, aunque este adulto esté muerto.

Aquí comienza la verdadera historia. Es un viaje iniciático para ambos, de descubrimiento y autoaprendizaje, escrito en un tono completamente distinto a la parte anterior, obviando el humor previo y centrándonos en la parte dramática de la historia.

Es difícel resistirte a la mirada de un niño, aunque seas un zombi.

Es difícel resistirte a la mirada de un niño, aunque seas un zombi.

Es una historia de lealtad, de amor, de sentimientos y de responsabilidad. Como un ser cínico, al que nada la importa y que no tiene preocupación alguna en su cómoda existencia, puede cambiar tanto al verse reflejado en la mirada de un niño, y como esta responsabilidad le llevará al límite de su propia condición.

Por supuesto, no es sólo esta mezcla de humor y drama. Hay mucha acción. Hordas de zombies hambrientos, Arcángeles cabroncetes, grupos de humanos más cabroncetes si cabe y mucha tensión. Enrico y su pequeña acompañante encontrarán gente muy diversa en su viaje hasta llegar a su destino final.

No os lo perdáis.