
Caín, de José Saramago.
Ante todo decir que no entiendo la postura de los católicos ofendidos, salvo que su posición ante la religión sea rancia y arcaica. Recuerda a las reacciones musulmanas que tanto se critican en occidente cuando alguien osa dibujar a Alá o a Mahoma, hacer alguna crítica o una caricatura sobre ellos o algún chiste o comentario jocoso. ¿Ahora que esto se hace con la iglesia católica ya no tiene tanta gracia?. En fin.
José Saramago nos muestra en su libro pasajes bíblicos tal y como nos los presenta la Biblia, pero analizados desde la racionalidad y sin que la fe nos ciegue. Además, el tono jocoso y mordaz resulta simpático y quita bastante hierro al asunto. Considero que soy bastante respetuosa con las creencias de los demás aunque no las comparta, pero debo confesar que me he reído mucho por la manera en que la habilidad, inteligencia y buen hacer de Saramago ha sido capaz de recrear esos pasajes y que no creo que él pretenda molestar a ningún creyente, simplemente hacer una crítica de la interpretación que siempre ha hecho la iglesia de las escrituras, resaltando hasta el chiste los pasajes más absurdos, intentando hacer pensar y reflexionar a la gente por sí misma sobre lo ridículo de algunos de estos pasajes, que siempre hemos reverenciado. Tampoco creo que esto pretenda ser una apología del ateísmo, simplemente es una manifestación de desacuerdo sobre cómo se nos ha transmitido la religión, el concepto religioso, a través de la historia sagrada.
El libro comienza en el Jardín del Edén: Adán, Eva, la manzana, la expulsión y todo eso. Y llega la primera reflexión:
Señor, no querías que comiéramos de ese fruto porque abriríamos los ojos y acabaríamos conociendo el mal y el bien como tú los conoces.
Esto es realmente inexplicable pues, en primer lugar, incluso la inteligencia más rudimentaria no tendría ninguna dificultad en comprender que estar informado siempre es preferible a desconocer, sobre todo en materias tan delicadas como son estas del bien y del mal, en las que uno se arriesga sin darse cuenta, a la condenación eterna en un infierno aún por inventar.
En segundo lugar, clama a los cielos la imprevisión del señor, ya que, si realmente no que quería que le comiesen del tal fruto, fácil remedio tendría la cosa, habría bastado con no plantar el árbol, o con haberlo puesto en otro sitio o con rodearlo de un alambre de espino.”
Poco después llega el pasaje en el que Caín mata a su hermano Abel. Cuando Dios baja del cielo para castigar tamaño delito, tiene que escuchar esto de sus labios:
Lo he matado, pero el primer culpable eres tú, yo habría dado mi vida por su vida si tú no hubieses destruido la mía. ¿Quién eres para poner a prueba lo que tú mismo has creado?. Dejaste que matara a Abel cuando estaba en tus manos evitarlo. Hubiera bastado que durante un momento abandonaras la soberbia de la infalibilidad, que aceptases mi ofrenda con humildad, en lugar de rechazarla. Los dioses tenéis deberes para aquellos a quienes decís habéis creado. Maté a Abel porque no podía matarte a ti, pero en mi intención estás muerto”
Dios contesta:
Haré un acuerdo de responsabilidad compartida. Reconozco mi parte de culpa, pero no se lo digas a nadie. Será un secreto entre Dios y Caín.”
A partir de este momento, Dios castiga a Caín a vagar errante y perdido por el mundo, pero sin que nadie le pueda matar, para lo que le marca con un punto negro en la frente.
Caín vagará por el mundo en el espacio y el tiempo, en lo que él llama distintos presentes, mostrándonos diversos pasajes bíblicos que presencia y en los que participa, con toda la crudeza con que realmente se desarrollan, pero siendo crítico con la intervención de Dios en ellos.
Cuando se encuentra con Abraham que va a sacrificar a su hijo Isaac porque así se lo ha mandado el señor, hace esta otra reflexión:
El señor ordenó a abraham que sacrificase al propio hijo, como la mayor simplicidad, como quien pide un vaso de agua. Lo lógico, lo simplemente humano hubiera sido que abraham mandara al señor a la mierda, pero no fue así. Abraham cogió a su hijo y les dijo a sus criados que iría sólo con el niño hasta el monte para adorar al señor, es decir, además de ser tan hijo de puta como el señor, abraham era un refinado mentiroso.”
Como veis, la postura crítica de Caín hacia el señor “también conocido por dios”, va elevándose de tono. Pero pararos a pensar un poco. Olvidaos de la fe absoluta y que los designios del señor son inescrutables y de que cualquier cosa que él haga lo hace por nuestro bien y que no somos capaces de entender todo lo que tiene preparado para nosotros, etc, etc.
¿Qué haríais, qué pensaríais, cómo actuaríais vosotros y cuál sería vuestra reacción, si alguien, quien sea, conocido o desconocido, amado u odiado, os pidiera que hicierais una cosa así?. ¿Y que pensaríais de alguien que, en esa situación, realiza lo que se le pide?.
El resto del libro es así, sigue el mismo patrón: Caín, a través de pasajes bíblicos que todos conocemos (la destrucción de Sodoma y Gomorra, el diluvio universal, la puesta a prueba del Job -el santo Job, paradigma de la paciencia-, la construcción y destrucción de la torre de Babel…etc), examina las relaciones de Dios con los humanos y su comportamiento totalmente inexplicable para él. Cada vez lo entiende menos y lo juzga con mayor dureza. Su conclusión es que “Nuestro dios, el creador del cielo y de la tierra, está rematadamente loco”
Caín no es bueno ni malo. Caín es humano y como todos los humanos es capaz de lo mejor y de lo peor. Pero a pesar de comenzar su historia conocida como un terribe asesino, como un fraticida, Caín ama a sus semejantes. Incluso a su hermano Abel, al que mató, Caín le quería muchísimo. Caín no odia a nadie.
¿A nadie?
Y sobre todo me gusta mucho el final, por lo inesperado y a su vez por que he sido capaz de entender a Caín, al empatizar totalmente con él y comprender su reacción ante todo lo visto, ante todo lo vivido. Solamente un “pero”: el estilo narrativo de Saramago, sin puntos y aparte, sin puntos seguidos, sin los guiones que marcan los diálogos… es algo costoso de seguir hasta que le coges el ritmo.
Mi puntuación para esta novela: 4 antifaces y medio.












Igual paso por tu casa y me lo llevo debajo de la camisa al despiste.
Álgunos pasajes de La Biblia no tiene sentido ni interpretación racional fuera del ámbito de la fe. Tú preguntas:
“¿Qué haríais, qué pensaríais, cómo actuaríais vosotros y cuál sería vuestra reacción, si alguien, quien sea, conocido o desconocido, amado u odiado, os pidiera que hicierais una cosa así?. ¿Y que pensaríais de alguien que, en esa situación, realiza lo que se le pide?.”
La respuesta es no, evidentemente. Nadie mata a su hijo en el monte, a cuchillo porque se lo ha dicho el charcutero. Sólo lo hace porque se lo ha pedido Dios y porque es Abraham. Sólo un creyente entiende una prueba de fe, sólo un creyente se inmola con un sinturón de explosivos. Los demás no dejamos de mirar esas imágenes con los ojos desorbitados.
Ese es el problema de La Biblia. Es un libro escrito en forma de metáforas pero que algunos se empeñan en interpretar litarelmente. Hace poco leí en un blog, una persona que se dedica (entre otras cosas) a desmontar científicamente algunas historias bíblicas como, por ejemplo, el diluvio universal. Es científicamente imposible. Pero, como te decía, es una especie de gran fábula con sus moralejas.
Dios podía no haber plantado el árbol del bien y del mal, pero prefirió que Adán y Eva eligieran entre obedecerle ciegamente o usar su libre albedrío. Eligieron lo segundo, Dios no quiere más que a quienes le obedecen ciegamente. Os vais de mi club.
Dios podía haber evitado que Caín matara a Abel, pero es él quien debe elegirlo, no Dios por él. Cada uno debe ser responsable de sus actos. No vale decir: “le maté porque tú no me hacías caso”. Imagia¡na que todos los hijos “no preferidos” hicieran lo mismo.
En cuanto a lo de las caricaturas de Mahoma, estoy completamente de acuerdo contigo. Todo el mundo tiene derecho a criticar lo que quiera o a hacer una broma de lo que sea. Pero a las iglesias no les parecía bien. Tampoco a la iglesia católica. Es curioso, son enemigos pero se entienden y se defiende, como si pensaran: “si se puede hacer eso, yo soy el siguiente”.
A mí también me ha gustado mucho Caín.
Un abrazo.
En El viaje del elefante ya hay algunos pasajes cargados de esa ironía mordaz en relación con la iglesia católica. Coincido contigo en la habilidad de Saramago para hacer una interpretación de un tema religioso con tanta inteligencia y raciocinio.
César: A tu disposición.
Pero ten en cuenta que tengo como rehén a “León el africano”.
Tienes razón, Alicia, nadie hace estas cosas si se las manda el charcutero, sólo si se las ordena Dios. El problema es que al ordenarlas, Dios se pone a la altura del charcutero chiflado.
¿Dios prefiere la obediencia ciega hacia su persona antes que el libre albedrío?: Me alegro de no estar en su club. Un club sin ninguna ventaja para sus miembros, sólo inconvenientes: pruebas y más pruebas, castigos y más castigos, plagas y más plagas, condenas y más condenas… ¿para qué?: para poder seguir en ese club durante toda la eternidad.
Pero vamos, que el que quiera pertenecer a ese club, que lo haga. Insisto: yo lo respeto. Sólo pido el mismo respeto por su parte para aquellos que no queremos pertenecer a su club.
Por cierto, Alicia: no creo que existan hijos “no preferidos”.
He oído hablar muy bien de “El viaje del elefante”, Ismael. Lo tendré en cuenta para próximas adquisiciones. Si tienes ocasión, echa un vistazo a “Caín”. Seguro que te gusta.
este es un autor que yo aún tengo que leer pues no he tenido ocasión de poner el ojo en ninguna página escrita con él. Ya me habían comentado esa costumbre con los signos de puntuación y la verdad, me ha dado flojera. Pero el argumento de este libro se ve muy interesante. Me lo apunto ¡gracias Ascen!
Me lo compré el otro día porque ni había leído ni tenía nada de este autor recientemente fallecido. Soy católica pero aún no sé si ofendida. Cuando lo lea lo diré.
Espero que te guste, Ale. Tiene un punto sarcástico muy interesante.
Pues ya nos dirás, Eva, pero no te veo yo en el papel de ofendida por una cosa así.
Los católicos que se ofenden suelen pertenecen a los altos estamentos de la organización que dirige la vida espiritual de tantos millones de personas.
Una persona de tu bagaje cultural, con tu afición lectora, capaz de leer libros de tan variada índole, no me parece que se vaya a escandalizar por los comentarios de Saramago.
Es más, estoy segura de que te gustará. Otra cosa es que el estilo del escritor te resulte incómodo o difícil, que a muchas personas les pasa.
Hola Ascen, acabo de terminar esta novela, me ha encantado, estoy fascinado con la inteligencia de Saramago, una vez más.
Celebro que te hayga gustado, Ismael , en un maestro Saramago.
[...] un tema original, de una factura impecable y de un gran autor. Dos novelas he leído de él: Caín y Ensayo sobre la ceguera. Dos maravillas. Os recomiendo encarecidamente que leáis cualquiera de [...]