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Charles Dickens

Charles Dickens

No pretendo que esto se convierta en una costumbre, pero tras felicitar el pasado 3 de enero a mi madre por su cumpleaños, hoy vuelve a coincidir el cumpleaños de Charles Dickens, autor de relevancia mundial, con el de mi hija Laura, a la que no tengo más remedio que mandar desde aquí una fuerte, cariñosa y entrañable felicitación, pues además alcanza hoy la mayoría de edad (la legal, por supuesto, ya que para mí siempre será mi hija pequeña y no será mayor nunca).

Al igual que mi madre, Laura no tiene más vena artística ni mérito literario que el de ser una voraz lectora, así es que, al menos de momento, su lugar en este blog sólo puede ser como colaboradora (a ver si se anima), por lo que nos ceñiremos nuevamente a la biografía de este genial escritor que fue Charles Dickens.

Charles John Huffan Dickens, fue un novelista inglés de extensa y popular obra, uno de los más conocidos y valorados de toda la literatura mundial y de todos los tiempos, capaz de combinar en sus libros la aguda crítica social con el humor y la ironía, creador de personajes magistrales, verdaderos arquetipos a los que describía con tal maestría que los dotaba de una personalidad casi real.

Nació en Portsmouth, en Inglaterra, tal día como hoy 7 de Febrero pero de 1812, hace la friolera de 198 años. En un par de años, seguro que el mundo entero celebra el bicentenario de su nacimiento por todo lo alto.

Su familia, de clase media-baja, no tenía una economía muy boyante y su padre acumuló tantas deudas que fue encarcelado durante dos años. Toda su familia se trasladó a vivir con él a la cárcel, costumbre de la época por la que los presos podían compartir celda con su familia.

Apenas había ido un par de años a la escuela, cuando esta triste situación familiar le obliga, a la temprana edad de 12 años, a buscar trabajo para colaborar en el sostenimiento familiar y entró a trabajar en una fábrica de tintes. Esta situación tan humillante para él y el contacto con lo más humilde de la sociedad  le marcó tanto, que se vería profusamente reflejada en su obra.

Debido a su precaria situación le fue imposible asistir con regularidad a una escuela por lo que toda su formación y su educación fueron autodidactas. Consiguió un empleo como pasante en una oficina de abogados y más tarde como periodista en el Parlamento en una publicación de su tío, The Mirror of Parlament, lo que le ejercitaría en la realización de precisas descripciones de hechos, que luego tan magistralmente llevaría a sus libros.

Más tarde trabajaría para el The Monthly Magazine, propiedad de un amigo, dónde además de además de su trabajo de periodista, empezaría a escribir, bajo el seudónimo de “Boz” una serie de artículos que reflejaban la vida diaria de las personas de Londres.

Sus aspiraciones literarias hicieron que poco a poco, escribiendo pequeños relatos por entregas (costumbre al uso de aquellos tiempos), pudiera dedicarse de lleno a la literatura y ganarse la vida con ella, por lo que pudo abandonar otras obligaciones.

Se casó con la hija del director del Morning Chronicle, lo que le facilitó la distribución de su obra, pues fue publicándose por entregas en el diario de su suegro.  Allí apareció su primera obra “Los papeles póstumos del club Pickwick”, de estilo muy similar al de los comics que le dio gran popularidad, y a la que siguieron muchas más novelas.

Este tipo de publicación barata, por entregas establecía una relación especial entre el autor y su público, que esperaba con ansiedad el siguiente capítulo de cada publicación. Más adelante, Dickens intentaría levantar su propio diario, el Daily News, pero cerraría al poco tiempo de su fundación.

Poco a poco su obra fue evolucionando, desde un estilo humorístico y ligeramente ácido, hasta una posición socialmente comprometida con las clases más humildes. Su público también sufrió esta variación, pues pasó de ser autor de renombre entre la clase alta, a ser el adalid de los más pobres. No obstante cuando en 1843 publico su cuento “Canción de Navidad”, la opinión de sus lectores volvió a ser unánimemente favorable y se convirtió rápidamente en un clásico de la narrativa infantil.

También se perfeccionó en el control de los recursos literarios. Sus argumentos dejaron algo de lado la improvisación de los primeros escritos para ser cuidadosamente planificados.

En esta etapa de madurez y con una popularidad asentada y un público entregado, fundó el semanario Houseold Words, dónde publicaría sus propios escritos y algunos de otros autores menos conocidos.

Además de escribir, dedicaría mucho tiempo a realizar giras para dar a conocer su obra en veladas literarias en las él mismo narraría pasajes de sus libros. También haría alguna incursión en el teatro, llegando a gestionar una compañía durante varios años.

Fue un hombre de gran talento y energía que le permitió diversificar su labor, escribiendo lo mismo novelas, que libros de viaje, editando revistas o administrando asociaciones caritativas, siempre abogando por la reforma social y los derechos de los más desprotegidos.

Entre sus obras más conocidas se encuentran, “ Los papeles del club Pickwick”, “Canción de Navidad»,  «David Copperfield», “La pequeña Dorrit”, “Grandes esperanzas”, “Oliver Twist”, “La tienda de antigüedades”, Tiempos difíciles, “Historia de dos ciudades” y su última novela, “El misterio de Edwin Drood”, que quedó incompleta.

El éxito literario no tendría su reflejo en la vida familiar. Nunca llegó a entenderse bien con su mujer, con la que tendría diez hijos. Tuvo distintos escarceos extramatrimoniales pero la gota que cayo del vaso fue la entrada en escena de una tercera persona, la actriz Ellen Teman de la que se enamoró y de quien sería amante. Esto hizo que terminara por separarse de su mujer y abandonara su familia.

Murió el 9 de junio de 1870 y fue enterrado cinco días más tarde en la abadía de Westminster