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Sicario, Alberto Vázquez Figueroa.

Sicario, Alberto Vázquez Figueroa.

Me ha sabido a muy poquito la novela. Me ha gustado mucho, como por otra parte ya imaginaba, pero al ser tan cortita, no me ha dado tiempo a paladearla debidamente. Creo que voy a coger otra de las del lote de Figueroa, para ver si ya con dos seguidas me quito el mal sabor de boca de las ultimas malas elecciones literarias que he hecho.

En Sicario, Vázquez-Figueroa nos trae de un modo curioso la vida de un sicario colombiano, que al final de su vida, enfermo terminal, hace una mirada retrospectiva a su historia, dando respuesta a la entrevista de un periodista, que por cierto, no habla en todo el libro, sino que se trata de un monólogo del asesino hablando consigo mismo.

Jesús, que así se llama el asesino, comienza su historia hablándonos de su infancia. De como su madre, prostituta y alcohólica le tenía desatendido, hasta que decidió abandonarla para irse a mendigar por las calles un poco de pan que llevarse a la boca. En la calle aprenderá lo dura que puede ser la vida para un niño solo, donde todos los peligros estan esperándote. El frío, el hambre, los coches, los otros niños, los chulitos del barrio, los pederastas, la policía…

Es una dura tarea para un niño la de sobrevivir en la miseria.

Es una dura tarea para un niño la de sobrevivir en la miseria.

En la calle aprenderá a vivir… buen, a sobrevivir. Los mejores sitios para pedir limosna, los trucos para robarles unos pasteles a los tenderos, los mejores escondites para dormir. Pero la competencia es cada vez mayor. Cada vez más niños rondando por las calles, molestando a los clientes de las tiendas y restaurantes, cuyos dueños, enojados, pagarán a la policía para que se los lleve un rato y les den una paliza para que dejen de molestar en el barrio, o peor aún, a un par de tipos para que les metan un navajazo y acaben con la plaga de niños limosneros.

Jesús aprenderá que no es bueno estar solo, y que con algunos socios, porque no los podemos llamar realmente amigos, la vida es algo más fácil (dentro de un orden). Con su banda o, como él la llama, “gallada”, empezará a dejar de pedir limosla, y a robar algunas carteras. Luego un par de atracos… un tirón a una vieja. Más tarde un robo con intimidación, hasta que un día, finalmente, cruzará la barrera del asesinato. La calle ya ha forjado a un nuevo sicario.

La vida le llevará por caminos complicados.

La vida le llevará por caminos complicados.

En Colombia una de las formas rápidas de hacer dinero es la droga. Jesús comenzará como guardaespaldas de un pequeño productor, pero trabajará en diversos oficios relacionados con la droga, bien en una plantación de coca, bien como camello, o como asesino a sueldo. La coca será uno de los motores de la economía que sostiene a un inmenso número de delincientes como Jesús.

Paralelamente, Jesús protegerá siempre a Ramiro, el primer amigo que hizo en las calles de Bogotá, y que formó con él la “gallada del cemento”. Mientras Jesús iniciaba su andadura por el camino del crimen, Ramiró aprendía a leer y escribir, y conseguía un trabajo legal. Siguieron formando pareja, viviendo juntos. Mientras uno delinquí, el otro estudiaba. Jesús le decía, como yo no tengo cabeza para los estudios, tú tienes que estudiar por los dos, y convertirte en un hombre de provecho.

A pesar que que Jesús mataba fría y despiadadamente, sin sentir nigún tipo de compasión ni conflicto moral, siempre se sintió muy solidario con los niños pobres de Bogotá, y con el dinero de las drogas, financiaban escuelas y casas de acogida donde podía retirar de la calle a alguno de esos niños.

Finalmente, metido de camello de gran tonelaje, Jesús decide dar el palo de su vida, y fugarse con un par de maletas de coca… pero no es tan fácil la cosa como parecía.

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Una respuesta a “RESEÑA: Sicario, de Alberto Vázquez-Figueroa”

  1. [...] Virgen“, “¡Panamá, Panamá!”, “La Iguana“, “Manaos”, “Sicario“, “Bora Bora“, “Yaiza”, “Marfil“, “Sultana Roja”, [...]