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Luz de libertad, de Ismael Cruceta.

Luz de libertad, de Ismael Cruceta.

(ver Leyendo-Ficha técnica)

Acabo de terminar de leer «Luz de libertad» y voy a intentar reseñarla desde el cariño. Y digo desde el cariño, pues la ilusión con la que sé que el autor ha escrito este libro, merece que se le trate con un cuidado especial.

Se trata de la historia del actor Julio Silva desde que empezó a estudiar a los 18 años en la escuela de arte interpretación y está contada por él mismo cuando ya cuenta 40 años de edad. Es un actor de cine y teatro que ha tenido que renunciar en su vida a muchas cosas para poder triunfar en su profesión. Y lo hace. Triunfa por todo lo alto: Premios Goya, nominaciones al Óscar de Hollywood, Premio del Cine Europeo, mujeres, fiestas, reconocimientos, dinero… Pero se siente vacío y quiere solucionarlo. Aquello a lo que renunció, ahora le parece vital e intenta recuperarlo. Todos sus sentimientos, sus vivencias, sus alegrías y sus penas, es lo que nos cuenta Ismael en este libro, con un final inesperado que, al menos aparentemente, nada tiene que ver con el resto del libro.

Se ve que el autor ha escrito el libro con todos sus sentidos y se le nota documentado en las distintas ocasiones en que se ha necesitado que lo estuviera: Nos cuenta con mucho detalle su vida y sus estudios en la academia o la descripción de Atenas, cuando vive en Grecia, por ejemplo.

Lo que sí me ha parecido poco creíble es la percepción que tiene el protagonista de la vida y las personas de 40 años. Se ve que, al fin y al cabo, quien lo narra realmente ronda la veintena. Os pondré un ejemplo. En un encuentro amoroso, la mujer que quiere hacer el amor con él le dice: “Julio, hazme sentirme mujer de nuevo, ahora a los cuarenta”, o “besando sus manos de otoño en atardeceres rosáceos”. Digo que resulta poco creíble porque, a los cuarenta nadie se siente otoñal, ni encuentra nada extraño hacer el amor a esa edad, y sin embargo nos lo cuenta como algo especial (“ahora, a los cuarenta”). Es lo que pensamos cuando tenemos 20, sobre las personas de 40.

El lenguaje del libro está bastante cuidado. Únicamente apuntar que, lo que a veces quiere ser un lenguaje coloquial, puede resultar un tanto ordinario o vulgar, teniendo en cuenta que el tono general del libro, como digo, tiene un lenguaje bastante cuidado.

Pero estos son pequeños matices totalmente subsanables con el tiempo y la experiencia. De hecho, espero su próxima obra con mucho interés, pues creo que merecerá la pena leerla.

¡Ánimo, Ismael!: Sigue escribiendo.