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El viajero del siglo, de Andrés Neuman.

El viajero del siglo, de Andrés Neuman.

Empezaré por decir que es un libro que me ha costado mucho trabajo leer, y no por que la historia no sea interesante, sino por que el modo en que está escrito hace que no me sitúe bien dentro de la acción. Es un libro narrado, pero en el que se narran (perdonadme la redundancia) hasta los diálogos.

Estás leyendo lo que se supone que es una conversación y no sabes muy bien quién está hablando en cada momento. En alguna ocasión también pasa de una situación a otra diferente en el tiempo y/o el espacio, sin avisarte previamente. Esto hace que estés todo el tiempo reubicándote en la historia. Se me hizo tan pesado al principio, que incluso lo abandoné dos veces pensando que no lo iba a volver a coger, pero cuando conseguí entrar un poco en materia, ya lo leí de un tirón. Eso sí: Un largo tirón.

Empieza la acción cuando el protagonista llega a un pequeño pueblo situado en una zona indefinida entre Prusia y Sajonia. Piensa hacer una breve escala para luego continuar su camino hacia Dessau, pero lo cierto es que, día a día va aplazando su partida y su estancia se demora bastantes meses.

El pueblo, a los ojos del protagonista, no es estático. Él cree que cada mañana las calles, las casas, los comercios… cambian de sitio. Se pierde continuamente y le parece que las cosas están ora más cerca, ora más lejos. A veces cree que es un laberinto del que no puede salir. Allí conoce varios personajes de personalidades diferentes y muy definidas que completan “el reparto”: Un español voluntariamente exiliado, una mujer culta, inteligente, liberal pero sometida al rigor del momento, un viejo y sabio organillero callejero, un judío protestante con cierta inseguridad social, un prepotente y erudito profesor alemán nacionalista… y alguno más.

La historia transcurre fundamentalmente en tres escenarios: la posada en que se aloja, la casa de su enamorada. en la que se desarrollan las reuniones literarias de los viernes y la cueva de su amigo el organillero, en la que se reúnen los “amigotes” a charlar entre hombres. En esta cueva se llevan a cabo las charlas filosóficas, en las reuniones literarias encontramos las políticas y la posada, mucho más prosaica, es el rincón que se reserva el protagonista para él mismo y para las reuniones con su amada.

A través de estas conversaciones conocemos un poco de la situación europea del momento, del problema político, religioso, interracial, la emigración, las rígidas reglas sociales de la época, la situación de la mujer y su, muy-muy lejana en el tiempo, emancipación legal y social.

También la literatura aunque, a pesar de ser el hilo conductor de estas conversaciones, parece solo el pretexto para todo lo demás.

Olvidaba otro personaje pasivo pero misterioso: Su baúl de viaje. Por qué es pasivo es evidente, y es misterioso porque nadie sabe que contiene y a nadie le permite ver el interior. Está cerrado con llave y sólo él tiene acceso a su contenido. De vez en cuando saca un libro, o una revista que puede extrañar por su aspecto al que la ve: muy moderna en el tiempo, pero muy vieja y estropeada para ser tan moderna. Normalmente son libros o revistas difíciles de adquirir.

A su vez, el protagonista está envuelto en misterio: Su trabajo, en principio inexistente, su vasto conocimiento de los idiomas, su elevada cultura, su origen desconocido, su falso historial académico, etc.

Para finalizar os diré que encuentro que la historia está bien, pero la manera de contarla densa, lenta y pesada. Y tampoco me gusta lo que a mí me parece un lucimiento innecesario del escritor. Por un lado intercala palabras y expresiones en otros idiomas que no nos traduce y por otro el elevado nivel cultural y filosófico demostrado en las charlas que los personajes tienen cuando se reúnen, no viene a cuento con la historia y me parece, como acabo de decir, un pavoneo excesivo y fuera de lugar, por parte del escritor, cuyo único fin parece que sea demostrarnos lo listo que es.

No me arrepiento de haberlo leído, pero sabiendo lo que sé, no hubiera iniciado su lectura.