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Justine, o los infortunios de la virtud, del Marqués de Sade

Justine, o los infortunios de la virtud, del Marqués de Sade

(Ver ficha técnica)

Me vais a perdonar por la expresión, pero «¡¡vaya peñazo de libro que me acabo de tragar!!». En qué momento decidí comenzar a leerlo, todavía estoy asombrado de mi capacidad para terminar su lectura.

Mas que un libro erótico, yo lo consideraría un manual filosófico, donde las teorías a favor de la amoralidad y el ateísmo se enfrentan a las de la virtud, la bondad, y la religiosidad que defiende la protagonista del libro.

Escrita en el año 1787, aunque publicada por primera vez en 1791, nos narra la historia de Justine, una muchachita que criada en el seno de una buena familia, queda huérfana cuando aún es una adolescente. Con unos principios sobre la virtud muy arraigados, se ve obligada a buscarse la vida en un mundo lleno de libertinos. Tratará a toda costa de mantener y defender esa virtuosidad, pero en el camino sólo encontrará como recompensa toda clase de agravios, ultrajes y humillaciones, mientras que los que abusan sin piedad de ella sólo encuentran recompensas y ningún castigo a sus hábitos depravados.

Primera edición de Justine: portada y frontispicio
Primera edición de Justine: portada y frontispicio

El libro está compuesto claramente por dos niveles o contenidos. Por un lado, la parte filosófica, la de exposición de teorías puras y duras, y por otro lado, la parte ¿erótica?, que yo mas bien calificaría, por su carácter obsceno, de pornográfica. Parece una novela de terror, está cargada de escenas explícitas de sexo a cual más violenta y desagradable, y prima el desprecio más absoluto hacia el sexo femenino. En ningún caso las relaciones sexuales que se describen cuentan con el consentimiento de la mujer, ésta es violada reiteradamente de las formas más aberrantes, salvajes, dolorosas y humillantes, incluso más lejos de lo que uno pueda llegar a imaginar.

La novela, en general, es de difícil lectura. Escrita con un lenguaje «espeso», se hace dura de leer sobre todo en la parte de exposición de ideas, en este aspecto es además reiterativa en exceso, llegando al aburrimiento. En cuanto a la parte denominada erótica, ésta es tan descriptiva en su salvajismo y brutalidad que, francamente, no es apta para cualquier estómago. Es cierto que es poco creíble en este aspecto, ya que no hay cuerpo humano, sea éste femenino o masculino, que sea capaz de aguantar tales sesiones de sexo, y más teniendo en cuenta el tipo de sexo al que se ven sometidos, vamos ¡qué no se lo cree ni él!. A esto hay que sumarle la increíble mala suerte que sufre nuestra protagonista, ya que cuando consigue escapar de un calvario, vuelve a caer en otro aún peor, todos los personajes que va encontrando a su paso son gente malvada que sólo busca placer a costa del sufrimiento ajeno, y así al menos nueve o diez veces, no sé, perdí la cuenta. Termina resultando cansino tanta mala suerte.

Ilustraciones de la obra del Marqués de Sade.

Supongo que no todos los que habéis leído este libro opinaréis de él lo mismo que yo, pero una vez más insisto en que es mi opinión personal. Si alguien se siente ofendido por alguno de los comentarios que hago en esta reseña, le pido disculpas, no es en absoluto mi intención. Sí es mi intención, sin embargo, mantener alejado de mis lecturas, al menos por una larga temporada, a Donatien-Alphonse-François de Sade, más conocido en el mundo literario como Marqués de Sade.

Varias adaptaciones de esta novela han sido llevadas al cine. La primera en el año 1962 bajo el título Le Vice et la Vertu, dirigida por Roger Vadim y protagonizada por Catherine Deneuve. Posteriormente, en el año 1968, el madrileño Jesús Franco dirigía a Romina Power en el papel de Justine. En el año 1971 Claude Pierson dirigía una nueva versión, Justine de Sade.

Una jovencísima Romina Power daba vida a Justine en la adaptación cinematográfica dirigida por Jesús Franco en el año 1968

Una jovencísima Romina Power daba vida a Justine en la adaptación cinematográfica dirigida por Jesús Franco en el año 1968



Donatien Alphonse François de Sade (Marqués de Sade), escritor y filósofo, nació en París el 2 de junio de 1740 en el seno de una familia de la antigua nobleza provenzal. Estudió con los jesuitas en París, siendo su tutor un abad tío suyo, Jacques-Francois de Sade. Al parecer fue observador directo de las continuas orgías que éste celebraba en su castillo.

Se alistó en el ejercito en el año 1754, participando en la Guerra de los Siete Años con tan sólo dieciséis años. Tras la firma del Tratado de París en el año 1763 que ponía fin a la guerra, Donatien es licenciado y abandona el ejército. Contrae entonces matrimonio de conveniencia con Renée Pélagie Cordier de Launay de Montreuil. Es a partir de este momento cuando comienzan los incidentes con la ley por su espíritu libertino, pasando gran parte de su vida encarcelado por delitos fundamentalmente de perversión sexual. No en vano, el termino sadismo se emplea actualmente en psiquiatría para designar el tipo de neurosis que consiste en obtener placer sexual infligiendo dolor a otros.

Murió en el manicomio parisino de Charenton, el 2 de diciembre de 1814, dejando una extensa obra literaria.

Gran número de sus libros fueron calificados de obscenos, y hasta bien entrado el siglo XX estuvo prohibida su publicación. Dentro de éstos caben destacar Justina o los infortunios de la virtud, que reseñamos hoy aquí, Juliette o las prosperidades del vicio, Los ciento veinte días de Sodoma (publicada póstumamente), y La filosofía en el tocador. También escribió textos filosóficos y políticos como, por ejemplo, Carta de un ciudadano de París al rey de los franceses; y, Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos.