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La Grieta, de Doris Lessing.

La Grieta, de Doris Lessing.

(Ver Leyendo-Ficha Técnica)

Nos trasladamos a la antigua Roma, dónde un noble patricio, está investigando la historia de los orígenes de la humanidad. Trabaja con un inmenso material, acumulado durante años, que posee una cantidad ingente de información sobre una fábula trasmitida en su origen oralmente y recogida en forma escrita por distintas personas a través de los años y que otros muchos antes que él han intentado descifrar.

Esta fábula habla de los orígenes de la humanidad, cuando sólo existían mujeres que vivían en cuevas junto al mar, del que se creían originarias. La narración nos llega a través de una de estas mujeres que está contando la historia a un joven.

En la tierra que habitaban había una roca que llamaban “La Grieta” y las más notables entre las mujeres, las Guardianas de la Grieta, debían custodiarla. Allí crecían unas especiales flores rojas, que servían para un ritual que en cada luna cumplían: Escalaban la Grieta, cogían las flores y dejaban que el manantial las arrastrara. Todo se llenaba de color rojo, la Grieta tenía el periodo y las mujeres tenían el periodo. Todas, excepto las que iban a ser madres; madres de nuevas mujeres. Cada año, una de estas mujeres era ofrecida en sacrificio a la Grieta.

La Grieta era el centro de su vida, se identificaban con ella, se sentían ella, era todas y cada una de las mujeres. Esta Grieta era equiparada a los genitales femeninos, a los que también llamaban grieta.

La población estaba dividida en 20 cuevas y en cada una de ellas se agrupaban las mujeres en función de su trabajo: Guardianas de la Grieta, Pescadoras, Tejedoras…

Siempre habían vivido así, y así eran felices, pero un buen día -no pueden recordar cuando- de una de ellas nació un ser deforme, un monstruo. Este ser no tenía grieta, sólo bultos y protuberancias. Asustadas, lo abandonaron en la Roca de la Muerte. Allí se dejaba a las mujeres que morían y a los bebés deformes, a los gemelos y a los enfermos. Era su forma de vida y su manera de controlar la población, pues no podían dejar que nacieran mas personas que las que se necesitaban para mantener este modo de vida: No había espacio para todos. Unas águilas gigantescas se lo llevaron a sus nidos, en las montañas lejanas, y les sirvió de alimento.

Pero poco a poco empezaron a nacer más monstruos y las féminas ancianas, que regían la comunidad, estaban preocupadas: Cada vez había menos mujeres para mantener la especie y cada vez nacían más monstruos, que inmediatamente eran abandonados en la Roca de la Muerte. Las águilas se los llevaban a su montaña, y allí las mujeres no veían como morían: No los mataban ellas, los mataban las águilas. Una manera fácil de eludir la responsabilidad del asesinato.

Pero un buen día, muchos años después de que naciera el primer monstruo, vieron al pie de la montaña a uno de estos seres, pero ya era un adulto. A pesar de su temor, algunas mujeres decidieron ir a investigar…

Ya está. El resto lo dejo para el que esté interesado en la historia. Una bonita y original novela a la que otorgo una buena calificación. Quizá las primeras páginas se hacen un poco difíciles, pero cuando entras en la historia, se lee con bastante interés.  ¡Ah!, y por cierto, no me ha escandalizado en absoluto. Creo que esta señora que corregía las pruebas era un poco melindrosa.