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Continúo con la historia de nuestras bibliotecas iniciada por César, intentando explicar como es la nuestra.

Yo sí puedo decir exactamente cuántos volúmenes tiene nuestra biblioteca, pues no hace mucho he conseguido registrarlos todos y, de momento, la mantengo actualizada. Tiene la «biblio», al día de hoy, 579 volúmenes (sin hacer trampas, pues las enciclopedias las cuento como uno sólo). Tampoco cuento los de mis hijos que tienen cada uno su propia biblioteca.

La biblioteca de mi hija

La biblioteca de mi hija

También yo heredé (donación en vida) una buena cantidad de libros de mi padre, aunque no tantos como César (creo que fueron 120 libros, más o menos), pues hay que tener en cuenta que cuando mi padre los repartió tenía 4 hijos y 1 en camino y fue equitativamente justo con los 5. Para la época que mi padre vivió y el nivel económico que teníamos, su biblioteca era la envidia de familiares, amigos y conocidos. Después de aquel reparto, hará unos 35 años, su ritmo de adquisiciones descendió bastante, pero aún así consiguió hacerse con otra nueva biblioteca bastante nutrida, y aunque algún hermano mío seguramente se benefició de ella, (quizá el más pequeño, ya que vivió con ellos durante más tiempo, después de que los mayores nos emancipáramos), mi madre aún tiene muchos problemas de espacio para poder ubicar los libros que él compró y ya hace mucho que ha decidido no comprar más y, aunque también es una voraz lectora, intenta nutrirse de los libros que sus hijos la prestan (que como he dicho, algunos fueron previamente suyos).

En esta todavía tengo algún huequecito

En esta todavía tengo algún huequecito

Tengo también algunos libros de mis suegros pero no muchos, pues mi marido, muy respetuoso con sus padres, no quiso expoliar su biblioteca y él no los ha heredado en vida. No obstante yo, que soy una arpía, he sustraído algún ejemplar con el conocido método del préstamo y la no-devolución del mismo.

Un rincón bien aprovechado

Un rincón bien aprovechado

En mi casa no puedo tener mis libros en una única ubicación (o dos) como César, sino que los tengo más bien al estilo Korvec: Allí donde hay un hueco, hay un libro. No obstante me gusta tenerlos a la vista, por lo que tengo la casa llena de estantitos. Os traigo aquí las fotos de algunas de las ubicaciones.
Uno de mis sueños es, el día en que alguno de mis hijos se emancipe, poder tener una habitación destinada solamente a guardar los libros. Una biblioteca al estilo del de las películas. Como los techos de mi casa son normales, no necesitaré una galería ni una escalera para acceder a los últimos estantes: con un taburete tendré suficiente. También pondré dos sillones de lectura con una mesita baja y una luz apropiada.
Pero dada la edad a la que los hijos se emancipan hoy en día, igual he perdido la vista y las ganas de meterme en reformas. Será lo más seguro, por lo que me tendré que conformar con mantenerla tal y como está ahora. En fin, soñar es gratis.

Esta NO es mi biblioteca... todavía

Esta NO es mi biblioteca... todavía

También tengo fundamentalmente novelas, pues es mi género preferido, aunque podemos encontrar libros muy extraños, como “Sumario de Oro i Plata”, edición facsimil del original conservado en la biblioteca de la Universidad de Salamanca y que es el sumario compendioso de las cuentas de plata y oro que en los reinos del Perú eran necesarias a los mercaderes y a todo género de tratantes con algunas reglas tocantes a la aritmética. Libro de matemáticas de 1556, primera publicación científica publicada en el continente americano. Como comprenderéis nunca voy a leer este libro, pero es realmente bonito.

Esta es la ubicación más antigua. Pensé que tendría bastante...

Esta es la ubicación más antigua. Pensé que tendría bastante...

Hay también algún libro de poesía, entre los que se encuentran las “Rimas y Leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer, que fue mi libro de cabecera en mis años jóvenes de adolescente fácilmente impresionable y otro, con el que mi padre me inició en el valor y amor a la poesía y que se llama, “Los 25.000 mejores versos de la lengua castellana”, con el que me hizo aprender de memoria poemas como “La Canción del Pirata”, de Espronceda o “El Piyayo”, de José Carlos de Luna, de los que aún hoy puedo recitar algunos pasajes.
Libros de teatro se puede encontrar alguno aunque este género no es mi fuerte pues lo encuentro difícil de leer. Pero de todas maneras, uno de los pocos libros que tengo repetidos es de teatro: “Eloísa está debajo de un almendro”, de Jardiel Poncela.

El celoso extremeño, de Miguel de Cervantes

El celoso extremeño, de Miguel de Cervantes

Nuestro libro más antiguo también es de 1916: un ejemplar encuadernado en tela, conmemorativo y numerado de “El celoso extremeño”, perteneciente a las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra y editado en el 300º aniversario del fallecimiento del escritor. Pero tenemos libros sin datar, 23 en total, alguno de los cuales bien pudiera ser anterior a esta fecha.
Los libros en otros idiomas son meramente simbólicos: Algún libro en francés, inglés o alemán, casi todos de obligada lectura en nuestra época de estudiantes y que ahora sería incapaz de entender (sobre todo los de alemán, ya que lo dejé cuando terminé el primer año de aprendizaje). Cabe destacar en esta sección, el libro de “El Principito”, pero precisamente por su ausencia, ya que en algún momento lo presté y nunca me fue devuelto, cosa por otro lado que me tengo totalmente merecida por utilizar estas mismas prácticas, pero como me entere quien ha sido… ¡Le prepararé algún muñequito Vudú!.

English, français und deutsch (más o menos)

English, français und deutsch (más o menos)

Además de comprar las ofertas editoriales que un par de veces al año se pueden encontrar en los quioscos a un precio muy interesante o de alguna escapada esporádica a la Cuesta Moyano, soy socia del Círculo de Lectores desde hace 22 años, lo que me “obliga” a comprar un libro cada dos meses, obligación que, en mi caso, se queda corta, pues es muy rara la vez que compro menos de dos libros a un tiempo y ahora, además, pido también para las bibliotecas de mis hijos. Me gusta el Círculo pues son libros muy económicos y muy bien encuadernados. Y la posibilidad de comprar a domicilio es muy cómoda (que conste que no soy accionista).
Como he dicho antes, tenemos algún libro repetido –no muchos- como “Eloísa está debajo de un almendro” de Enrique Jardiel Poncela, “No sin mi hija” de Betty Mahmoody, “Edad prohibida” de Torcuato Luca de Tena, “La isla del tesoro” de Robert Louis Stevenson, “El Jugador” de Fedor Dostoiewsky, “Entre naranjos” y “Sangre y Arena”, de Vicente Blasco Ibáñez, “La Odisea” de Homero, “Moby Dick”, de Herman Melville, el “Poema del Cid” y “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe. Todos han sido comprados por error o accidente, excepto “Entre Naranjos”, que compré el segundo para sustituir el que ya teníamos y se encontraba en un estado lamentable, pero luego fui incapaz de tirar el primero.

Lo más flagrante es lo del libro "No sin mi hija"

Lo más flagrante es lo del libro "No sin mi hija"

Creo haber tirado un sólo libro en mi vida que aún recuerdo. Era un libro de mi hermano mayor  titulado “Han de Islandia” de Víctor Hugo, al que le faltaban las dos últimas páginas. Mi hermano quería deshacerse de él pero le daba pena tirarlo y me lo ofreció. Por supuesto yo lo acogí en mi biblioteca con cariño, pero al final, tras más de 25 años, lo he tirado con todo el dolor de mi corazón.
En cuanto a los libros que he leído puedo decir con total sinceridad que no tengo ni idea. Ni cuantos he leído de mi librería, ni cuantos he leído en total en mi vida. Muchos. Muchísimos. De todas formas mi ritmo de lectura ha descendido con los años y con la aparición de nuevas obligaciones que implican menor tiempo libre. Puedo estar muchos meses sin leer y luego leer 6 ó 7 libros seguidos. Bueno, eso era a.b. (léase antes del blog), pues éste me obliga a un ritmo de lectura que ya no recordaba. No sé si podré mantenerlo, pues me obliga a desatender otras ocupaciones. Jesús sí lleva mejor ritmo de lectura pues aprovecha los viajes al trabajo para leer.

Una enciclopedia de las que ya no se consultan

Una enciclopedia de las que ya no se consultan

Sí puedo decir cuál fue el primer libro de mi biblioteca. La primera piedra. Fue un libro que leí con 11 años y que me dejó (y recomendó) mi padre: “Corazón, diario de un niño”, de Edmundo d’Amicis. Cuando se lo devolví me preguntó si me había gustado y le dije que sí, que me había gustado mucho, por lo que me lo regaló y así fue como inicié mi colección. Todavía lo tengo, por supuesto.
Antes de esta edad, había leído sobre todo cuentos y tebeos, creo que ningún otro libro, pues aunque aprendí a leer a los 4 años, en mi época no había demasiados libros para niños. Recuerdo además de los cuentos clásicos, los cuentos troquelados que estaban recortados con la forma de la silueta de la portada. De cuentos y tebeos si tenía una mágnifica colección.
Me parece que me ha salido una entrada bastante extensa, así que aquí lo voy a dejar, aunque podría estar hablando horas y horas sobre este tema.