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El Laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza

El Laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza

(Ver Leyendo-Ficha Técnica)

Esta es otra alocada historia de Eduardo Mendoza, protagonizada por su detective “casero” que reside en un manicomio más loco aún que sus propios enfermos.

En esta ocasión, mientras se dedicaba a cumplir la misión impuesta por el doctor Sugrañes, de capturar las cucarachas que plagaban los rosales del médico, junto con Pepito Purulencias, es secuestrado por su viejo conocido el comisario Flores, para cumplir una misión más importante en favor de la patria.

Por qué es elegido para esta gran misión nuestro detective, es algo que no parece muy lógico en principio, pero lo menos lógico es cómo esta misión, que debería ser corta y sencilla, se complica en una espiral de despropósitos infinita que van desenmarañando -o quizá liando- el detective y los personajes que le acompañan en su peregrinar para conseguir la solución de un caso que parece insolucionable, algunos de ellos conocidos, como su hermana Cándida o el doctor Sugrañes, y otros que aparecen en esta novela, nuevos y variopintos compañeros.

Todo el libro, narrado en primera persona por nuestro famoso detective sin nombre, es una cadena de divertidos disparates. Desde el principio, en que el comisario Flores -la autoridad competente- secuestra al protagonista en lugar de sacarlo del sanatorio por medios “un poco más legales”, hasta el final en que como siempre, soluciona el enigma sorprendentemente y por supuesto, mejor que la policía.  O no.

Esto es todo lo que se puede decir del argumento, pues la trama va evolucionando y cambiando a medida que avanza el libro y es difícil determinar el hilo conductor.

Mendoza nos regala una vez más una buena dosis de humor absurdo a todos aquellos que disfrutamos con este tipo de lecturas.