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Ayer lunes, 23 de marzo, se ha hecho público el fallo de la XII Edición del Premio Alfaguara de Novela, considerado uno de los premios más limpios del panorama literario. Está dotado con 175.000 dólares (unos 135.000 euros) y una escultura de Martín Chirino. No sé muy bien por qué en dólares ya que la actividad de esta editorial se ciñe, principalmente a España y Latinoamérica.


 

Este año se han presentado 523 manuscritos procedentes de todo el mundo. Eso sí, escritos en lengua castellana que es uno de los requisitos. Su vocación y proyección del idioma español en el mundo han propiciado una difusión internacional de primer orden, apoyado por la edición simultánea de las obras ganadoras en España y Latinoamérica.


 

Como es tradicional, el Presidente del Jurado del Premio Alfaguara es una figura relevante del mundo cultural español e iberoamericano. Desde su primera edición, en 1998, han presidido el jurado del galardón importantes figuras del mundo literario como Carlos Fuentes, Eduardo Mendoza, Alfredo Bryce Echenique, Antonio Muñoz Molina, Jorge Semprún, José Saramago, José Manuel Caballero Bonald y Mario Vargas Llosa, entre otros. Una de las características de este premio es que el Jurado no lo puede declarar desierto. Si no hay unanimidad, tendrá que ser por mayoría. ¿Qué pasaría si cada uno de los miembros del jurado se decantase por una obra diferente?¿O es que hay más personas juzgando que obras presentadas? Difícil lo veo, son 523. Pero quizá los finalistas sí sean menos en número que el jurado. En fin, sólo son divagaciones personales.


 

Hablando de finalistas al premio, una reclamación popular a este premio es la falta de comunicación de las obras que llegaron a la final. Estaría bien conocerlas, pero quizá todo sea por un tema económico, ya que al no tener intención de comercializarlas, Alfaguara podría considerar que hace publicidad gratuita a posibles competidores.


 

Volviendo a la actualidad que nos ocupa, este año le ha tocado al escritor y académico Luis Goytisolo presidir este jurado que falló a favor de la obra: “El viajero del siglo”, del escritor Andrés Neuman.


 

Andrés Neuman nació el 28 de enero de 1977, en Buenos Aires, ciudad donde pasó su infancia. Hijo de una familia de músicos exiliados, terminó de criarse en Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura hispanoamericana. La historia novelada de su familia, infancia argentina y ancestros europeos puede leerse en su libro “Una vez Argentina”. Actualmente reside en España y es columnista en el diario ABC (suplemento cultural), en la Revista Ñ del diario Clarín, en el diario Ideal de Granada y en Sur de Málaga.

Considerado uno de los autores más prometedores de los últimos años, a los 22 años publicó su primera novela, «Bariloche«, a la que siguieron otras obras, tanto novelas como libros de cuentos, ensayo o poesía. En 2007, mediante una votación convocada por el Hay Festival y Bogotá Capital Mundial del Libro, fue elegido entre los más destacados jóvenes autores nacidos en Latinoamérica, siendo incluido en la selección Bogotá-39.

De entre los numerosos comentarios que ha merecido su obra, cabe destacar el que le dedicó Roberto Bolaño: «Tocado por la gracia. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos. La literatura del siglo XXI pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre».

 

Según palabras de los miembros del jurado que le han otorgado este premio, «El viajero del siglo» es una obra extensa, compleja y de ambición literaria en cuyas páginas hay un cierto temblor de irrealidad. Es una novela posmoderna en la que hay un esfuerzo por hacer una novela clásica desde nuestro tiempo Se trata de un ambicioso experimento que propone volver a mirar el siglo XIX con la perspectiva del XXI y está escrita por alguien que conoce la tradición literaria. Así, a través de la comparación entre el pasado y nuestro presente, analiza conflictos actuales como la emigración, el multiculturalismo, las diferencias lingüísticas y la emancipación femenina. Andrés Neuman pretende establecer en «El viajero del siglo» un diálogo entre la Europa de la Restauración y los planteamientos de la Unión Europea; entre la educación sentimental actual y sus orígenes, entre la novela clásica y la narrativa moderna.

 

En anteriores ediciones han recibido el premio: “Caracol Beach”, de Eliseo Alberto y “Margarita, está linda la mar” de Sergio Ramírez (ambos ganadores de la primera edición en 1998); “Son de Mar”, de Manuel Vicent (1999), “Últimas noticias del paraíso”, de Clara Sánchez (2000); “La piel del cielo”, de Elena Poniatowska (2001); El vuelo de la reina, de Tomás Eloy Martínez (2002); “Diablo Guardián”, de Xavier Velasco (2003); Delirio, de Laura Restrepo (2004); “El turno del escriba”, de Graciela Montes y Ema Wolf (2005); “Abril rojo” de Santiago Roncagliolo (2006); “Mira si yo te querré”, de Luis Leante (2007) y “Chiquita”, de Antonio Orlando Rodríguez (2008).